La izquierda destruyó a Nicaragua

El secretario de Estado de EE. UU. acusa a la izquierda de destruir Nicaragua, la vincula con el avance del crimen organizado y el narcotráfico en la región y advierte que Washington se reserva el derecho de actuar ante amenazas contra su seguridad nacional.

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DaríoMedios Internacional

9/10/20263 min read

Rubio señala el desastre dejado por la izquierda

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, volvió a colocar a Nicaragua en el centro de sus críticas contra los regímenes de izquierda de América Latina, con un señalamiento directo contra el desastre político provocado por el sandinismo y una advertencia que eleva todavía más la presión sobre la dictadura Ortega-Murillo.

Durante su reciente gira por Sudamérica, Rubio fue contundente al referirse al resultado de décadas de gobiernos y movimientos de izquierda en la región. “La izquierda destruyó Venezuela. La izquierda destruyó Cuba. La izquierda destruyó Nicaragua”, afirmó el funcionario estadounidense, colocando al régimen sandinista dentro de una lista de proyectos políticos que, según su valoración, han provocado profundas crisis en sus respectivos países.

Pero Rubio no se limitó a cuestionar el fracaso político y económico de estos regímenes. También señaló la relación que durante décadas han mantenido distintos sectores de la izquierda latinoamericana con estructuras del crimen organizado y el narcotráfico, un señalamiento que coloca el problema de Nicaragua dentro de una agenda de seguridad que Washington considera estratégica.

Las declaraciones adquieren mayor peso por el cargo de quien las pronuncia. Rubio no es un congresista haciendo una denuncia política aislada: es el secretario de Estado de la principal potencia militar y económica del continente, desde donde la Administración de Donald Trump está impulsando una política mucho más agresiva contra las organizaciones criminales transnacionales.

Washington deja abierta la puerta a acciones

La presión sobre Ortega-Murillo aumentó todavía más cuando Rubio fue consultado por un medio colombiano sobre la posibilidad de que Estados Unidos adopte medidas más contundentes frente a regímenes considerados una amenaza para la seguridad estadounidense.

El secretario de Estado evitó especular públicamente sobre cuáles podrían ser esas medidas, pero dejó una advertencia de amplio alcance: Estados Unidos mantiene el derecho de operar y tomar acciones para proteger su seguridad nacional cuando surja una amenaza, ya sea en Cuba, Venezuela o cualquier otro lugar del mundo.

La declaración no constituye un anuncio de una operación militar contra Nicaragua ni confirma planes para extraer a Ortega y Murillo del poder. Pero tampoco representa una señal de tolerancia hacia los regímenes que Washington considere una amenaza. Rubio dejó claro que la seguridad nacional estadounidense es el límite a partir del cual la Casa Blanca puede adoptar medidas de mayor contundencia.

En el caso de Nicaragua, el mensaje llega después de que el propio Rubio incrementara públicamente la presión contra la dictadura. El pasado 2 de septiembre, el secretario de Estado llamó a los socios internacionales de Washington a abandonar la política de “business as usual” con el régimen Ortega-Murillo y cuestionó la nueva estructura constitucional impuesta por la dictadura.

Ortega-Murillo bajo presión internacional

La sucesión de declaraciones coloca nuevamente a Nicaragua dentro de una agenda estadounidense en la que democracia, seguridad regional, crimen organizado y narcotráfico aparecen cada vez más conectados.

Para Ortega y Murillo, el escenario resulta particularmente incómodo. La dictadura enfrenta una creciente presión internacional mientras intenta consolidar el control absoluto de las instituciones nicaragüenses y mantener relaciones estratégicas con potencias como Rusia y China.

Desde Washington, en cambio, el discurso se ha vuelto progresivamente más directo. La administración Trump ha dejado de presentar la situación nicaragüense únicamente como un problema de deterioro democrático y la incorpora también dentro de una preocupación mayor por la seguridad hemisférica y la expansión de redes criminales transnacionales.

Mientras Rubio endurece sus señalamientos desde el exterior, la codictadora Rosario Murillo continúa utilizando sus monólogos para atacar a opositores, medios independientes y gobiernos extranjeros. Pero el discurso de “El Carmen” choca cada vez más con una realidad internacional distinta: la dictadura Ortega-Murillo ya no enfrenta únicamente cuestionamientos diplomáticos, sino una presión que Washington está relacionando con sus prioridades de seguridad nacional.

Las palabras de Rubio tampoco deben interpretarse como una amenaza de intervención inmediata. El secretario de Estado no anunció una operación contra Nicaragua. Lo que sí hizo fue dejar abierta la capacidad de respuesta de Estados Unidos ante cualquier amenaza que considere relevante para su seguridad y volver a colocar a la dictadura sandinista dentro del radar político y estratégico de Washington.

Y para Ortega-Murillo, que durante años han utilizado la retórica antiestadounidense para justificar su permanencia en el poder, que el jefe de la diplomacia estadounidense vuelva a señalar directamente a Nicaragua y a la izquierda que la gobierna representa un nuevo frente de presión sobre “El Carmen”.

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