La fragilidad oculta del poder Ortega-Murillo

El politólogo Constantino de Miguel sostiene que el verdadero sostén del sistema no es la ideología, sino los intereses económicos de la cúpula militar.

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DaríoMedios Internacional

3/13/20263 min read

El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo proyecta una imagen de control absoluto: instituciones subordinadas, oposición neutralizada, exilio masivo y un aparato de seguridad aparentemente cohesionado. Sin embargo, detrás de esa apariencia de solidez política podría existir una estructura mucho más vulnerable de lo que parece.

Esa es la tesis que plantea el politólogo Constantino de Miguel, quien sostiene que la estabilidad del régimen no descansa principalmente en la fidelidad ideológica ni en la mística revolucionaria, sino en un entramado de intereses económicos que vinculan al poder político con la cúpula del Ejército de Nicaragua.

Según su análisis, el sistema se sostiene sobre una lógica pragmática más que doctrinaria: mientras los beneficios económicos fluyan, la lealtad se mantiene. Cuando esos beneficios se vean amenazados, el equilibrio podría alterarse.

El Ejército como actor económico

Uno de los ejes centrales del planteamiento de De Miguel es el papel del Instituto de Previsión Social Militar (IPSM), el fondo de pensiones del Ejército, que administra inversiones en múltiples sectores estratégicos.

Lejos de operar únicamente como un mecanismo previsional, el IPSM se ha convertido según el analista en un actor económico relevante, con presencia en proyectos inmobiliarios, empresas privadas y diversas inversiones que consolidan una red financiera vinculada a la institución castrense.

Este entramado ha transformado progresivamente al Ejército en algo más cercano a un conglomerado corporativo que a una fuerza armada tradicional.

En ese contexto, la relación entre la cúpula militar y el poder político no estaría basada exclusivamente en afinidad ideológica, sino en la preservación de intereses económicos compartidos.

Un pacto pragmático, no ideológico

De Miguel plantea que el sistema funciona bajo un pacto implícito: estabilidad política a cambio de protección patrimonial.

Mientras los negocios asociados al IPSM y a la cúpula militar permanezcan intactos, la estructura se mantiene cohesionada. El problema surge cuando ese modelo enfrenta presiones externas o internas que puedan afectar directamente esos intereses.

El analista advierte que el punto débil del régimen no sería necesariamente una protesta masiva ni una ruptura visible inmediata, sino el eventual impacto económico sobre las élites que lo sostienen.

En regímenes altamente personalistas como el nicaragüense, donde el control se concentra en un círculo familiar, el equilibrio depende de que las élites que lo respaldan sigan obteniendo beneficios claros.

Si esos beneficios disminuyen o desaparecen, la lealtad podría volverse transaccional.

El factor de presión internacional

El análisis también introduce un elemento clave: el impacto de sanciones o medidas que puedan golpear directamente el patrimonio personal de los generales o los negocios vinculados al sistema militar.

Hasta ahora, muchas medidas internacionales han apuntado principalmente a figuras políticas visibles. Sin embargo, si las acciones llegaran a afectar estructuras financieras asociadas al entorno militar, el escenario podría cambiar de manera significativa.

De Miguel no plantea un golpe clásico ni una ruptura abrupta, sino un proceso de desgaste interno: una erosión silenciosa que termine debilitando la cohesión del régimen.

La implosión, en este escenario, no sería inmediata ni necesariamente visible, sería progresiva.

Personalismo y fragilidad estructural

El régimen Ortega-Murillo se caracteriza por un alto grado de personalismo y concentración de poder. Las decisiones estratégicas se canalizan a través de un núcleo familiar reducido, lo que limita los mecanismos institucionales de equilibrio interno.

En sistemas de este tipo, la estabilidad depende en gran medida de que las élites económicas y militares perciban que el modelo continúa garantizando protección y rentabilidad.

Cuando ese cálculo cambia, la estructura puede volverse inestable.

De Miguel sostiene que el eventual colapso no necesariamente provendría de la presión popular directa, sino de la pérdida de incentivos dentro del propio círculo de poder.

¿Colapso visible o implosión silenciosa?

La advertencia del analista no apunta a un desenlace inmediato ni a un quiebre espectacular. Más bien describe una fragilidad latente: un sistema que parece sólido mientras los flujos económicos se mantienen, pero vulnerable si esos flujos se alteran.

En este tipo de regímenes, la cohesión no está blindada por convicción ideológica permanente, sino por conveniencia estructural.

Si los intereses económicos de la cúpula militar permanecen intactos, el régimen conserva estabilidad.

Si esos intereses se ven comprometidos, la lealtad podría reconfigurarse.

Y en sistemas altamente centralizados, una fisura interna puede resultar más determinante que cualquier presión externa.

El dinero como columna vertebral

La conclusión del análisis es clara: el verdadero sostén del régimen no es el discurso revolucionario ni la narrativa histórica, sino la arquitectura económica que conecta al poder político con las élites militares.

Mientras esa arquitectura permanezca intacta, el sistema resistirá.

Pero si los patrimonios comienzan a verse amenazados o si los beneficios se reducen, el equilibrio podría transformarse rápidamente.

En ese punto, la estabilidad dejaría de ser una cuestión ideológica y pasaría a ser una cuestión de cálculo y cuando el cálculo cambia, también cambia el poder.