La codictadora Murillo ataca y termina pidiendo perdón
La vocera del régimen ha convertido sus intervenciones en una descarga contra medios independientes y nicaragüenses que contradicen su narrativa, pero esta vez terminó haciendo algo poco habitual: pedir perdón por sus propias palabras.
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DaríoMedios Internacional
9/8/20263 min read


Al parecer, Rosario Murillo no tiene día de descanso. Fuentes vinculadas a El Carmen y algunos desertores que operaron cerca de ella y del círculo represivo sandinista así lo confirman.
Sin embargo, durante las últimas semanas, la codictadora parece no haber alcanzado ni siquiera los niveles de meditación budista a los que tanto recurre y ha utilizado sus intervenciones, cada vez más cargadas de ataques, para despotricar sin cesar contra quienes contradicen su narrativa oficialista.
El detalle que llama particularmente la atención es que, después de lanzar una nueva lluvia de ofensas desde sus habituales alocuciones, Murillo termina pidiendo perdón por sus propias palabras. La mujer que desde el poder ha convertido el insulto y la descalificación en parte de su discurso público ahora se ve obligada a reconocer sus excesos y disculparse por aquello que acaba de pronunciar.
Primero arremete, después pide perdón
No deja de ser una escena paradójica para una estructura política acostumbrada a no admitir errores y mucho menos a reconocer responsabilidad por sus actuaciones. Pero esta vez no fueron los medios independientes, los periodistas o los ciudadanos críticos quienes tuvieron que retractarse.
Fue la propia codictadora quien tuvo que recoger sus palabras.
El formato de los monólogos de Murillo ha sido durante años bastante predecible. Durante los primeros siete o diez minutos de sus alocuciones meridianas suele comenzar despotricando contra todo aquello que le provoca molestia.
Después, entre el sonido de las hojas de papel y los informes que le proporcionan sus operadores del Consejo de Comunicación Ciudadana, pasa a hablar de los supuestos avances en salud, educación y desarrollo social, reducidos en buena medida al sistema asistencialista que el régimen presenta como muestra de su supuesto buen gobierno.
Pero en las últimas semanas hasta ese libreto parece haberse alterado.
El libreto de Murillo ya no alcanza
La parte dedicada a los supuestos logros de Nicaragua es interrumpida constantemente por ataques, improperios y expresiones contra los medios de comunicación independientes y contra los nicaragüenses que se oponen al modelo represivo impuesto por Ortega y Murillo.
En ocasiones, lo que debería ser una intervención propagandística termina pareciendo una prolongada descarga contra sus adversarios.
Y después de la ofensa llega la parte inesperada: la disculpa.
Murillo se da cuenta de que sus propias palabras cruzaron el límite que ella misma había establecido y termina pidiendo perdón públicamente. La codictadora, que durante años ha utilizado sus intervenciones para señalar, desacreditar y criminalizar a quienes cuestionan al régimen, ahora intenta corregirse después de haber pronunciado los insultos.
Para analistas del discurso político consultados por DaríoMedios Internacional, este cambio en el tono debe observarse dentro del creciente escenario de presión que enfrenta el régimen, tanto por las acciones internacionales contra sus principales figuras como por el trabajo de los medios independientes que continúan documentando la represión y desmontando la propaganda oficialista.
Murillo termina enfrentándose a sus propias palabras
La codictadora parece librar así una batalla que no solo se desarrolla contra quienes la cuestionan desde fuera de la estructura de poder, sino también contra sus propios impulsos discursivos.
Mientras intenta mantener bajo control cada una de sus intervenciones, sus palabras terminan obligándola a hacer algo que pocas veces se observa desde la cúpula del régimen: pedir disculpas.
Y ahí está precisamente la contradicción que deja expuesta Murillo.
Durante años ha hablado desde una posición de poder, convencida de que podía insultar, descalificar y señalar sin tener que responder ante nadie. Pero ahora, después de arremeter contra quienes se niegan a repetir su discurso, tiene que regresar sobre sus propias palabras y pedir perdón.
La codictadora dispara desde el micrófono, escucha el eco de sus propias palabras y termina pidiendo disculpas. Esta vez, al menos, la retractación no vino de sus enemigos: salió de su propia boca.


