Jesús no gobierna desde el privilegio: se pone en la fila del pueblo

En una homilía marcada por una fuerte carga crítica al ejercicio del poder, el obispo auxiliar Silvio José Báez utilizó el relato del Bautismo del Señor para cuestionar los modelos de liderazgo que se sostienen en el privilegio, la distancia del pueblo y la imposición ideológica.

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DaríoMedios Internacional

1/11/20262 min read

El Evangelio muestra a Jesús llegando al Jordán sin honores, sin escoltas y sin propaganda. No se presenta como superior ni reclama trato especial: hace fila con la gente y se mezcla con quienes cargan el peso del pecado, el sufrimiento y la exclusión. Para Báez, este gesto no es anecdótico, sino programático: así comienza la misión de Jesús y así se revela el modo de actuar de Dios en la historia.

“Antes de ser sumergido en las aguas del Jordán, Jesús se sumerge en el río de la humanidad pecadora”, afirmó el obispo, subrayando que Dios no salva desde palacios ni desde discursos, sino desde la cercanía real con un pueblo herido.

Desde esta escena, Báez planteó una reflexión directa sobre el liderazgo. Jesús, dijo, desmonta toda lógica de poder que se impone desde arriba, que se protege con privilegios o que se legitima a sí misma. El verdadero líder no se coloca por encima del pueblo ni lo instrumentaliza; camina con él, comparte su carga y devuelve protagonismo a quienes han sido silenciados, empobrecidos o descartados.

El obispo alertó además sobre el uso de las ideologías como herramientas de dominación. Señaló que, cuando se absolutizan, estas estrechan la mirada, eliminan el discernimiento, justifican injusticias y convierten al diferente en enemigo. En lugar de buscar la verdad o el bien común, terminan sirviendo a intereses de poder que se presentan falsamente como salvación.

Frente a esa lógica, Báez contrapuso la acción del Espíritu de Dios, que no adoctrina ni fanatiza, sino que abre los ojos, despierta la conciencia y da valentía para denunciar estructuras injustas que oprimen a los pueblos y dividen a la sociedad.

El Evangelio relata que, al salir Jesús del agua, “los cielos se rasgaron”. Para el obispo, esta imagen expresa una ruptura definitiva con toda forma de poder distante y autorreferencial: Dios no gobierna desde el miedo ni desde el control, sino desde la cercanía, la compasión y la verdad. Ya no hay un cielo cerrado que justifique la opresión en la tierra.

Finalmente, Báez recordó que la voz que proclama a Jesús como “Hijo amado” se dirige también a cada ser humano. Reconocer esa dignidad afirmó libera del miedo, rompe el sometimiento y devuelve la esperanza incluso en contextos de oscuridad. “El cielo está abierto y no se cerrará jamás”, concluyó, como una afirmación de fe y, al mismo tiempo, como un mensaje de resistencia espiritual.