Humillado por Murillo: Arce, el arquitecto financiero del régimen, ¿preso político o purga interna?
El histórico operador económico del sandinismo, señalado como pieza clave en el engranaje de enriquecimiento del régimen Ortega-Murillo, enfrenta un deterioro de salud en prisión mientras crece la disputa sobre si su caso es persecución política o ajuste interno de cuentas.
ESCENARIO NACIONALNACIÓNPOLÍTICA
DaríoMedios Internacional
3/3/20263 min read


El hombre de los dólares del sandinismo
Bayardo Arce fue durante décadas el operador económico más influyente del régimen sandinista. Para muchos críticos, fue “el hombre que producía los dólares”, el arquitecto del modelo económico conocido como “diálogo y consenso”, el puente entre la familia Ortega-Murillo y el gran capital nacional e internacional.
Sobre sus hombros habría recaído el diseño y consolidación del sistema corporativo que permitió a la pareja gobernante acumular una fortuna que analistas estiman en cifras que podrían superar los mil millones de dólares, producto de estructuras opacas, concentración de poder y alianzas estratégicas construidas bajo un modelo híbrido de control político y expansión empresarial.
Hoy, ese mismo operador financiero se encuentra recluido en el aparato represivo que ayudó a sostener.
De pieza clave a prisionero del sistema
Según información divulgada por medios independientes, Arce fue trasladado de emergencia a un hospital tras sufrir una complicación médica en la celda donde permanece detenido. Su estado de salud ha encendido alarmas dentro de sectores del sandinismo disidente y en el exilio.
Para algunos observadores, la situación recuerda el precedente de Humberto Ortega, fundador del Ejército sandinista y hermano de Daniel Ortega, quien falleció en condición de aislamiento tras tensiones internas con la copresidencia. En ambos casos, la concentración absoluta de poder y la ausencia de garantías institucionales han marcado el desenlace.
Arce, quien durante años operó en el corazón financiero del régimen, enfrenta ahora un escenario incierto dentro de la misma estructura que ayudó a consolidar.
¿Preso político o ajuste de cuentas?
El caso ha generado una fractura en la oposición y en la sociedad civil. El mecanismo de reconocimiento de presos políticos de Nicaragua reconocido por instancias internacionales incluyó a Bayardo Arce en su listado oficial. Sin embargo, la inclusión no ha sido explicada públicamente.
La decisión ha sido cuestionada por organizaciones de excarcelados políticos, líderes religiosos y sectores de la sociedad civil que rechazan equiparar su situación con la de opositores encarcelados por ejercer derechos cívicos.
El sacerdote exiliado Edwin Román fue categórico:
“Bayardo Arce NO es preso político. Hay que respetar a quienes lo han sido y a los que lo son actualmente por parte de la dictadura sandinista de Nicaragua. Lo de este verdugo es un ajuste de cuentas de su propia organización”.
Para estos sectores, la detención no responde a persecución ideológica sino a una disputa interna dentro del círculo de poder.
La postura de Washington
Fuentes vinculadas al entorno diplomático estadounidense indicaron a DaríoMedios Internacional, bajo condición de anonimato, que Washington no considera la detención de Arce como un caso de prisión política. Según esa versión, pese a su delicado estado de salud y a los reportes sobre un posible desenlace fatal, el gobierno estadounidense no emitiría un pronunciamiento en favor de su liberación.
La postura no sorprende. En 2019, Bayardo Arce fue sancionado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos por actos vinculados a corrupción y enriquecimiento ilícito, en el marco de medidas dirigidas contra operadores financieros del régimen.
El cierre de un ciclo
Más allá de las disputas sobre su clasificación jurídica, el caso de Arce expone una realidad cruda dentro del sandinismo: el poder absoluto no garantiza lealtades eternas ni inmunidad permanente.
El hombre que negoció, estructuró y defendió el modelo económico del régimen podría terminar sus días bajo custodia del mismo aparato que ayudó a fortalecer. Para muchos dentro y fuera del sandinismo, la escena es simbólica.
En sistemas construidos sobre concentración extrema de poder, las caídas suelen ser silenciosas y definitivas.
Y en este caso, el destino de Bayardo Arce parece confirmar una vieja sentencia que resuena entre antiguos militantes: muy mal paga el diablo a quien bien le sirve.



