Honduras apunta contra Ortega y Murillo: “son un cáncer”
Desde Tegucigalpa, la vicepresidenta María Antonieta Mejía acusó al régimen de representar a la izquierda radical que empobrece a los países y llamó a los nicaragüenses a expulsarlo del poder.
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DaríoMedios Internacional
8/28/20264 min read


El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo recibió una nueva estocada desde Centroamérica. Esta vez, la vicepresidenta de Honduras, María Antonieta Mejía, lanzó duras acusaciones contra la dictadura sandinista, a la que señaló como una expresión de la izquierda radical y calificó como un “cáncer” que afecta a Nicaragua y representa un problema para la región.
Las declaraciones de Mejía elevan el tono de la presión política contra Ortega y Murillo desde un país vecino y llegan en momentos en que la dictadura enfrenta cuestionamientos internacionales, denuncias por sus crímenes y una creciente condena por el modelo político que mantiene instalado en Nicaragua.
Mejía llama a los nicaragüenses a sacar al régimen
La vicepresidenta hondureña fue contundente al dirigirse a los nicaragüenses y llamarlos a salir a las calles para luchar contra el régimen sandinista y sacar del poder a la izquierda radical que, según afirmó, gobierna Nicaragua.
Mejía sostuvo que Ortega y Murillo representan un modelo fracasado que empobrece a los países donde se instala y rechazó cualquier intento de presentar al régimen como una izquierda moderada. Por el contrario, insistió en definirlo como “izquierda radical” y aseguró que Honduras logró apartarse de un modelo similar.
La funcionaria puso como referencia la experiencia hondureña durante el gobierno de Manuel Zelaya y afirmó que su país consiguió salir de ese esquema político. Ahora, bajo el gobierno de Tito Asfura, de orientación derechista, aseguró que Honduras se encuentra mejor y encaminada hacia una mayor prosperidad.
Relaciones diplomáticas no significan silencio
Mejía también dejó claro que la existencia de relaciones diplomáticas entre Honduras y Nicaragua no implica respaldo a Ortega y Murillo. En declaraciones ofrecidas a un medio argentino, sostuvo que, aunque los vínculos oficiales continúen, Honduras seguirá denunciando los crímenes cometidos por la dictadura.
La posición hondureña establece así una diferencia entre mantener relaciones institucionales con el Estado nicaragüense y respaldar políticamente al régimen que controla el poder. Para Mejía, la relación entre ambos países no puede convertirse en una razón para guardar silencio frente a las violaciones atribuidas a Ortega y Murillo.
Pide una alianza de las democracias contra el régimen
El mensaje de la vicepresidenta hondureña también fue dirigido al resto del continente. Mejía llamó a los países democráticos de América a unir esfuerzos para enfrentar lo que describió como un “cáncer” en Nicaragua y manifestó que Honduras está dispuesto a contribuir a esa causa.
Su planteamiento fue todavía más directo al expresar el deseo de que la dictadura Ortega-Murillo sea “arrancada de raíz” y que Honduras pueda tener como vecino a una Nicaragua sin Ortega y Murillo.
La funcionaria llamó a los nicaragüenses a organizarse y luchar por un cambio político, al tiempo que sostuvo que la salida de un modelo como el impuesto por el sandinismo no es imposible y que Honduras constituye un ejemplo de ello.
Ortega y Murillo enfrentan una presión regional creciente
Las declaraciones de Mejía colocan a la dictadura ante un escenario cada vez más incómodo dentro de la propia región centroamericana. Costa Rica ha mantenido una posición crítica frente al régimen nicaragüense y ahora Honduras eleva públicamente el tono de sus cuestionamientos, mientras otros países del continente continúan denunciando la situación política y de derechos humanos en Nicaragua.
A esta presión regional se suma la ofensiva diplomática encabezada recientemente por Estados Unidos en la Organización de los Estados Americanos, donde una resolución relacionada con Nicaragua obtuvo 29 votos favorables, un resultado que volvió a evidenciar el aislamiento internacional de Ortega y Murillo.
Para expertos consultados por DaríoMedios, el mensaje hondureño representa un cambio importante en el discurso de un país vecino, debido a que no se limita a cuestionar determinadas acciones del régimen, sino que plantea abiertamente la necesidad de una respuesta conjunta de las democracias americanas frente a la permanencia de Ortega y Murillo en el poder.
Un vecino menos dispuesto a tolerar a Ortega y Murillo
El discurso de Mejía golpea directamente uno de los argumentos que durante años ha utilizado la dictadura: presentar su permanencia en el poder como un asunto exclusivamente interno de Nicaragua. La vicepresidenta hondureña, por el contrario, plantea que las consecuencias del régimen trascienden las fronteras y afectan directamente a los países vecinos.
La acusación de que Ortega y Murillo representan un “cáncer” para Centroamérica y el llamado a los nicaragüenses a sacar al régimen del poder constituyen una de las declaraciones más fuertes emitidas recientemente desde el entorno inmediato de Nicaragua.
Mientras la dictadura continúa definiendo su modelo como “cristiano, socialista y solidario”, desde Honduras se le identifica como izquierda radical y como un modelo fracasado que debe ser sustituido.
La presión, además, ya no llega únicamente desde Estados Unidos o desde organismos internacionales. También comienza a adquirir un tono más frontal dentro de Centroamérica, precisamente en países que conocen de primera mano las consecuencias políticas, económicas y de seguridad que puede generar una crisis prolongada en Nicaragua.
¿Qué hará Ortega y Murillo ante la presión?
La declaración hondureña abre una nueva interrogante sobre la capacidad del régimen para responder a un escenario regional cada vez más adverso. Ortega y Murillo no solamente enfrentan cuestionamientos por la situación interna de Nicaragua, sino también una presión internacional que comienza a encontrar mayor coordinación entre gobiernos democráticos del continente.
Mejía fue explícita: Honduras mantendrá relaciones diplomáticas con Nicaragua, pero continuará denunciando los crímenes de la dictadura y está dispuesta a sumar esfuerzos con otras democracias para impulsar un cambio.
El régimen sandinista vuelve así a quedar bajo presión desde uno de sus propios vecinos. Y esta vez el mensaje no fue diplomático ni ambiguo: Honduras señala directamente a Ortega y Murillo, llama a los nicaragüenses a sacarlos del poder y pide a las democracias americanas actuar unidas para terminar con lo que considera un modelo político perjudicial para toda la región.
La pregunta ahora es cuánto más podrá resistir la dictadura Ortega-Murillo mientras la presión deja de ser únicamente internacional y comienza a cerrarse también desde su propio vecindario centroamericano.


