Gil Guerra advierte a Trump que Nicaragua desafía a Estados Unidos y pide medidas decisivas contra Ortega y Murillo

El investigador del Hudson Institute advierte que la dictadura nicaragüense desafía a Washington y representa una amenaza para la estabilidad regional.

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DaríoMedios Internacional

10/31/20264 min read

El investigador del Hudson Institute sostiene que la dictadura de Nicaragua se ha convertido en una fuerza desestabilizadora para América Latina y que Washington tiene capacidad para ejercer una presión que el régimen nunca ha enfrentado. Advierte que la falta de una respuesta contundente podría debilitar la credibilidad estadounidense frente a Cuba, Venezuela y las amenazas extrahemisféricas.

El investigador estadounidense Gil Guerra, del Hudson Institute, lanzó una fuerte advertencia sobre la política del presidente Donald Trump hacia Nicaragua, al considerar que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo continúa desafiando a Estados Unidos, mientras Washington enfrenta dificultades para sostener su estrategia de seguridad y disuasión en América Latina.

En su análisis sobre los desafíos de la administración Trump, Guerra plantea que Nicaragua podría convertirse en un punto decisivo para recuperar la credibilidad estadounidense en el hemisferio, especialmente después de la Operación Resolución Absoluta en Venezuela y ante las crecientes tensiones con Cuba.

El investigador advierte que, lejos de moderar su comportamiento frente a Washington, las dictaduras de Nicaragua y Cuba han intensificado su desafío a Estados Unidos.

Ortega y Murillo desafían a Washington y consolidan su poder

Guerra señala que el régimen nicaragüense ha ido todavía más lejos en su desafío a Estados Unidos, al impulsar reformas constitucionales que, según su interpretación, buscan perpetuar a Daniel Ortega y Rosario Murillo en el poder.

El investigador considera que esta consolidación autoritaria ocurre en un momento en el que la administración Trump enfrenta obstáculos tanto en su política exterior como en el escenario político interno estadounidense.

A su juicio, los regímenes de Managua y La Habana han interpretado que la atención de Washington se encuentra dividida por la guerra con Irán, las negociaciones con otras potencias y la proximidad de las elecciones de medio término.

Según el análisis, ambos gobiernos estarían apostando a resistir la presión estadounidense hasta después de esas elecciones, con la expectativa de que un eventual debilitamiento político de Trump limite su capacidad de actuación en el hemisferio.

Nicaragua, una fuerza desestabilizadora para América Latina

Uno de los señalamientos más contundentes de Guerra está dirigido al papel que Nicaragua desempeña en la seguridad regional.

«La región coincide en que Nicaragua se ha convertido en una fuerza desestabilizadora, y el régimen nicaragüense nunca ha enfrentado la presión que Estados Unidos podría ejercer sobre él», sostiene el investigador.

Su planteamiento apunta a que Washington todavía dispone de instrumentos de presión que no ha utilizado plenamente contra Ortega y Murillo.

Guerra considera que una respuesta rápida a los crecientes problemas en Nicaragua podría servir para restablecer la disuasión estadounidense y enviar una señal a los gobiernos que desafían su influencia regional.

El pacto militar con Rusia y la contradicción de la estrategia estadounidense

Otro de los puntos críticos del análisis es la relación militar entre Managua y Moscú.

Guerra recuerda que Rusia ratificó en abril un pacto militar con Nicaragua, sin que este movimiento provocara una reacción contundente de Washington.

El investigador identifica una contradicción entre los objetivos anunciados durante la cumbre del Escudo de las Américas, celebrada el 7 de marzo de 2026, y algunas decisiones posteriores de la administración Trump.

Durante aquella cumbre, la estrategia estadounidense se presentó como una respuesta frente a la influencia de potencias extranjeras consideradas hostiles en el hemisferio occidental, particularmente China y Rusia.

Sin embargo, Guerra observa que los acercamientos diplomáticos de Trump con ambas potencias, sumados a la ausencia de una respuesta firme al acuerdo militar entre Moscú y Managua, han generado incertidumbre entre los aliados regionales.

Para el investigador, esta situación dificulta que los gobiernos latinoamericanos comprendan cuáles son realmente los límites que Washington está dispuesto a establecer frente a la presencia de China y Rusia en América Latina.

Guerra pide actuar contra Nicaragua para enviar un mensaje a Cuba y Venezuela

El investigador considera que Nicaragua podría representar una oportunidad para que Trump demuestre que su política hemisférica no se limita a la operación ejecutada en Venezuela.

«Tomar medidas decisivas contra la dictadura nicaragüense enviaría un mensaje tanto al régimen cubano como a las figuras chavistas que aún permanecen en Venezuela», afirma.

Guerra sostiene que, aunque Cuba ocupa un lugar central en la estrategia regional de Washington, una respuesta frente al régimen Ortega-Murillo podría contribuir a recuperar con mayor rapidez la capacidad de disuasión estadounidense.

En ese sentido, argumenta que actuar frente a los desafíos planteados por Nicaragua permitiría demostrar que la Operación Resolución Absoluta no fue un episodio aislado, sino parte de una estrategia más amplia para establecer un orden regional democrático, seguro y próspero.

Las elecciones de medio término y el desafío político de Trump

La advertencia de Guerra también llega en un momento especialmente complejo para la administración estadounidense.

Las elecciones de medio término previstas para noviembre de 2026 podrían modificar el equilibrio político en Washington y afectar la capacidad del presidente Trump para ejecutar determinadas acciones internacionales.

Según el investigador, una eventual victoria demócrata en el Congreso podría traducirse en investigaciones sobre las operaciones estadounidenses en América Latina y restricciones presupuestarias para determinadas iniciativas de seguridad.

No obstante, también contempla que un Congreso más adverso podría llevar a Trump a concentrar mayor atención en la política exterior, donde el Poder Ejecutivo dispone de amplias competencias.

En este escenario, Nicaragua aparece en su análisis como uno de los desafíos pendientes de la administración estadounidense.

¿Hasta dónde llegará la presión de Estados Unidos contra Ortega y Murillo?

El planteamiento central de Guerra es que Washington necesita demostrar coherencia entre sus advertencias y sus acciones.

El investigador considera que la credibilidad estadounidense dependerá de su capacidad para responder a los desafíos de los regímenes de Nicaragua y Cuba, sostener sus compromisos con los aliados regionales y avanzar hacia una transición democrática en Venezuela.

Su análisis deja planteada una interrogante sobre el futuro inmediato de las relaciones entre Washington y Managua: ¿continuará la administración Trump privilegiando las advertencias diplomáticas o recurrirá a nuevas medidas de presión contra el régimen Ortega-Murillo?

Para Guerra, una respuesta decisiva frente a Nicaragua tendría repercusiones que trascenderían las fronteras del país y enviaría un mensaje sobre el alcance real de la estrategia estadounidense hacia América Latina.

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