Estados Unidos sitúa a Nicaragua entre sus principales enemigos con influencia en Venezuela

Washington elevó el tono contra la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo al ubicar a Nicaragua dentro del grupo de gobiernos que considera adversarios estratégicos con presencia operativa en Venezuela, una señal que endurece la confrontación y redefine el lugar del régimen sandinista en el tablero hemisférico.

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DaríoMedios Internacional

1/28/20263 min read

Un señalamiento que marca un punto de quiebre

Estados Unidos dio un paso significativo al colocar a Nicaragua en la categoría de “principal enemigo”, junto a países como Cuba, Rusia, China e Irán, según afirmó el secretario de Estado Marco Rubio. El señalamiento no se limita a una crítica política, sino que inserta al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo dentro de una narrativa de amenaza regional, con presunta influencia directa en Venezuela.

La declaración fue realizada durante una comparecencia ante el Senado estadounidense, donde Rubio describió un escenario de creciente confrontación en el hemisferio occidental y dejó claro que Washington ya no ve a Nicaragua como un actor marginal, sino como parte activa de un entramado hostil a sus intereses estratégicos.

Nicaragua dentro del eje de confrontación hemisférica

Rubio sostuvo que la política exterior de Estados Unidos apunta a estabilizar Venezuela y frenar la influencia de gobiernos autoritarios que, según su visión, operan de manera coordinada en la región. En ese marco, incluyó de forma explícita a Nicaragua como uno de los aliados del chavismo con capacidad de incidencia política, logística y estratégica.

El mensaje es contundente: Managua dejó de ser un problema exclusivamente interno y pasó a ser considerada una pieza dentro de un bloque adversario que desafía la influencia estadounidense en América Latina.

Venezuela como plataforma operativa

Uno de los puntos más delicados del discurso fue la caracterización de Venezuela como una base de operaciones para gobiernos y potencias consideradas enemigas por Washington. Rubio afirmó que desde territorio venezolano se habría articulado la presencia de actores globales contrarios a Estados Unidos, mencionando de forma directa a Nicaragua y Cuba como aliados clave dentro de esa estructura.

Esta afirmación refuerza la percepción de que la relación entre Managua y Caracas trasciende la afinidad ideológica y se inscribe en una lógica de cooperación estratégica que preocupa a Washington.

Energía, alianzas y control de influencia

El secretario de Estado también vinculó las dinámicas energéticas de Venezuela con el fortalecimiento de estos aliados. Según su exposición, el flujo de petróleo con condiciones preferenciales habría servido para sostener redes de influencia y alianzas políticas, beneficiando a gobiernos autoritarios que operan al margen de los intereses estadounidenses.

En ese esquema, Nicaragua aparece como parte de una red de conveniencia geopolítica, donde los intercambios económicos y energéticos refuerzan vínculos políticos y estratégicos.

Un mensaje más allá del discurso

Para analistas, las declaraciones de Rubio no son retóricas. Representan una señal clara de endurecimiento de la política estadounidense hacia Managua y anticipan un escenario de mayor presión diplomática, económica y política.

Al clasificar a Nicaragua como enemigo, Washington reduce drásticamente los márgenes de diálogo y coloca al régimen Ortega-Murillo en una posición de confrontación abierta, con consecuencias potenciales para su ya debilitada relación internacional.

Aislamiento y costos para el régimen

Este nuevo señalamiento se produce en un momento de profundo aislamiento internacional del sandinismo. Sin aliados sólidos en Occidente y con relaciones cada vez más tensas en la región, el régimen enfrenta crecientes costos políticos externos.

Ser catalogado como enemigo estratégico implica mayor vigilancia, mayor presión y menor tolerancia por parte de Estados Unidos y sus aliados, en un contexto donde Managua ya carga.

Al ubicar a Nicaragua entre sus principales enemigos con influencia en Venezuela, Estados Unidos redefine el lugar del régimen sandinista en la geopolítica regional.

No es solo una advertencia, es una línea trazada.

Y coloca a Ortega y Murillo en el centro de una confrontación que va mucho más allá de Nicaragua.