Estados Unidos advierte a la dictadura sandinista: “arresto domiciliario” no es libertad
Washington rechaza las excarcelaciones condicionadas del régimen Ortega-Murillo y exige la liberación inmediata, plena e incondicional de todos los presos políticos en Nicaragua.
ESCENARIO NACIONALNACIÓNPOLÍTICA
DaríoMedios Internacional
2/6/20263 min read


La estrategia del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo para proyectar una falsa imagen de apertura política volvió a quedar expuesta ante la comunidad internacional. Estados Unidos lanzó una advertencia directa y contundente desde la Organización de Estados Americanos (OEA): el arresto domiciliario no constituye libertad y no será aceptado como un avance real en materia de derechos humanos.
La posición fue expresada por el embajador de Estados Unidos ante la OEA, Leandro Rizzuto, durante la sesión del Consejo Permanente celebrada el 4 de febrero de 2026, en la que abordó la situación política y humanitaria en Nicaragua. Sus declaraciones desmantelaron el discurso oficial del régimen, que ha presentado el traslado de presos políticos a sus viviendas como supuestas “liberaciones”.
“Las recientes liberaciones de personas en Nicaragua bajo arresto domiciliario pueden parecer gestos positivos de la dictadura; sin embargo, estas acciones no engañan a nadie. El arresto domiciliario no es libertad”, afirmó Rizzuto ante los Estados miembros.
Prisión encubierta, no gestos humanitarios
Estados Unidos dejó claro que enviar a un preso político a su casa bajo vigilancia policial permanente, restricciones de movilidad, control de comunicaciones y amenazas constantes no representa una liberación, sino una extensión del encierro por otros medios.
Desde Washington, estas medidas son interpretadas como una modalidad de prisión encubierta que mantiene intacto el aparato represivo del Estado, sin restitución de derechos civiles, políticos ni garantías judiciales. Para la diplomacia estadounidense, el régimen sandinista utiliza estas “excarcelaciones” como un mecanismo táctico para administrar la presión internacional sin desmontar la estructura de persecución.
Rizzuto fue enfático al subrayar que estas maniobras no alteran la esencia autoritaria del régimen ni resuelven la crisis de fondo:
“Estados Unidos reitera su exigencia de que Nicaragua libere de inmediato e incondicionalmente a todos los presos políticos detenidos injustamente: sin arresto domiciliario, sin vigilancia y sin nuevos arrestos”.
El caso Aníbal Reed y la represión dosificada
Las declaraciones del embajador estadounidense coincidieron con el anuncio del régimen sobre la supuesta excarcelación del militar en retiro Aníbal Reed, una figura que había permanecido detenida tras un proceso judicial ampliamente cuestionado por organismos de derechos humanos.
Lejos de recuperar su libertad, Reed fue enviado a su vivienda bajo arresto domiciliario, con presencia policial constante y restricciones severas. Para analistas internacionales, el caso ilustra con claridad la lógica del régimen: ceder lo mínimo indispensable para ganar tiempo, sin conceder libertades reales.
Washington interpretó este movimiento como una respuesta calculada a la presión externa, no como un cambio de rumbo. En ese sentido, la advertencia desde la OEA dejó claro que este tipo de salidas parciales no modifican la evaluación internacional sobre Nicaragua.
Un patrón sostenido desde 2018
Estados Unidos recordó que desde 2018 el régimen Ortega-Murillo ha utilizado la detención arbitraria, el encarcelamiento político, la desaparición forzada y ahora el arresto domiciliario como instrumentos de control. En ese marco, las excarcelaciones condicionadas no representan un quiebre con el pasado represivo, sino su continuidad.
La comunidad internacional observa que los presos políticos enviados a sus casas siguen siendo rehenes del Estado: no pueden expresarse libremente, no pueden desplazarse, no pueden organizarse ni ejercer derechos básicos. Su situación jurídica permanece indefinida y bajo amenaza permanente de re encarcelamiento.
Advertencia directa al régimen
El mensaje de Estados Unidos fue inequívoco: no habrá reconocimiento, alivio diplomático ni validación internacional mientras el régimen continúe utilizando arrestos domiciliarios como sustituto de la libertad.
Desde la OEA, Washington elevó el tono y dejó claro que cada movimiento del régimen será evaluado con rigor. Las “liberaciones” simbólicas ya no engañan a nadie y no alteran la condición de Nicaragua como un Estado que mantiene presos políticos por razones de conciencia.
La advertencia coloca nuevamente a Rosario Murillo señalada como quien maneja los hilos del poder en el centro del escrutinio internacional. Para Estados Unidos, la crisis nicaragüense no se resolverá con gestos cosméticos, sino con decisiones de fondo: libertad plena, sin condiciones, y desmantelamiento del aparato represivo.
Mientras eso no ocurra, Washington deja claro que seguirá considerando a Nicaragua como un régimen autoritario que simula concesiones mientras mantiene intacta la represión.



