Especialistas expulsados de “Mega Hospitales”: La salud pública nicaragüense al borde del colapso
“Los que están adentro están sufriendo. Están siendo obligados a trabajar nueve horas diarias, les dijeron ocho y terminan en nueve. Están obligados a andar los fines de semana en proselitismo político, en marchas. Son obligados”
ESCENARIO NACIONALNACIÓN
Equipo de periodistas SEGUNDA ENTREGA
3/8/20264 min read


SEGUNDA ENTREGA
Dentro de los hospitales públicos, la realidad que describen los médicos contrasta con la narrativa oficial de expansión y modernización del sistema sanitario. El especialista que pidió anonimato asegura que el problema no es únicamente la falta de empleo para quienes fueron despedidos, sino el deterioro progresivo de las condiciones para quienes permanecen dentro.
“Los que están adentro están sufriendo. Están siendo obligados a trabajar nueve horas diarias, les dijeron ocho y terminan en nueve. Están obligados a andar los fines de semana en proselitismo político, en marchas. Son obligados”, afirma.
Describe jornadas extenuantes. “El turno dura 36 horas. Vos entrás el lunes a las 7 de la mañana y salís el martes a las 4 de la tarde. Los médicos andan cansados, mal comidos”.
A la sobrecarga laboral se suma la vigilancia. “En los hospitales hay paramilitares trabajando de camilleros o de fiscales. Los fiscales son personas dedicadas a mantener la disciplina. No son gente preparada. Se fijan si un médico se duerme o se mete al cuarto de descanso. Si lo agarran dormido, le toman foto o video. Dos llamados de atención y te pueden correr”.
Asegura que incluso los tradicionales cuartos de descanso existen físicamente, pero no pueden usarse. “Es prohibido que vos te vayás a meter. Están llenos de cámaras. Hay vigilancia en audio y video descomunal”.
En ese contexto, el temor se impone sobre el criterio médico. “Hay gente que se está muriendo y los médicos no pueden poner en el expediente que necesita tal cosa porque si lo ponen, los corren. Entonces le dicen a la familia: estamos haciendo todo lo humanamente posible. Pero la gente no sabe que se le está poniendo el 70% del medicamento y que el 30% no hay”.
Señala que antes las brigadas internacionales donaban insumos, prótesis, instrumental. “Cada vez que venían brigadas norteamericanas dejaban quirófanos equipados. Ahora ya no vienen. Entonces no hay clavos intramedulares, no hay prótesis. Si alguien necesita una prótesis de rodilla puede esperar cuatro o seis meses. Pero si tiene aval político, la dirección compra el material de inmediato”.
Mientras tanto, el MINSA promueve para 2026 un Plan Nacional de Mega Ferias Especializadas. La ministra Meyling Brenes ha asegurado que se llevarán más de 15 especialidades a más de 120 municipios, como parte de un modelo “propio, soberano, solidario, socialista y cristiano”. El director general de Servicios de Salud, Óscar Francisco Vásquez, anunció que se movilizarán equipos de alta tecnología y especialistas en neurocirugía, ortopedia y oftalmología.
Para los médicos consultados, las ferias no representan una ampliación real del sistema, sino un paliativo ante la escasez de especialistas permanentes.
“Los especialistas que quedan los mueven de un lado a otro los fines de semana. Es una forma de cubrir huecos. Sacan al especialista del hospital y lo llevan a una feria en otro departamento. Eso no es fortalecer el sistema, eso es tapar la falta de personal”, explica el médico anónimo.
Agrega que muchos hospitales nuevos carecen de personal capacitado para operar los equipos. “Han llenado de tomógrafos nuevos, resonadores, mamógrafos. Pero no hay gente capacitada que los sepa manejar. Terminan quemando los equipos”.
En los últimos años, el Gobierno ha inaugurado varios hospitales de gran tamaño, presentados como “mega hospitales” y símbolos de modernización. Sin embargo, especialistas sostienen que infraestructura sin recurso humano suficiente se convierte en “cascarón”.
“Hay estructuras modernas, pero no hay especialistas suficientes. Muchos fueron despedidos. Otros se fueron al exilio. Los que están adentro trabajan bajo presión política”, resume Delgado desde el exterior.
El presupuesto de salud ha mostrado incrementos nominales en los últimos años, pero economistas han advertido que el crecimiento real es limitado frente a la inflación y a la expansión de infraestructura. Una parte considerable del gasto se ha destinado a construcción, mientras el personal denuncia carencias en insumos, medicamentos y contratación de especialistas.
El médico anónimo sostiene que el problema no es solo económico, sino de prioridades. “Si no hay especialistas, podés hacer todas las ferias que querrás. Pero una feria no sustituye un servicio permanente. La gente necesita seguimiento, control, cirugías programadas”.
En el sector privado, la situación tampoco es holgada. “Yo soy de rango alto, podría cobrar más, pero cobro menos para que la gente llegue. Una cirugía pediátrica sencilla anda en 1,500 dólares; una más compleja en 1,800. ¿Quién paga eso? Los que tienen familiares en Estados Unidos. Estamos hablando de seis o siete cirugías al año”.
Además, tras el cierre de varios hospitales privados, los médicos deben hacer fila para alquilar quirófanos. “En Managua tal vez hay dos o tres opciones. En Chinandega solo hay uno. A veces hay que operar de noche porque no dan abasto”.
El especialista anónimo define su situación como “tener el país por cárcel”. Intentó viajar y le advirtieron que no podría regresar. “Es como estar preso sin estar preso”.
Ambos testimonios coinciden en una proyección preocupante. “Esto va peor”, afirma el médico que permanece en Nicaragua. Delgado, desde Noruega, agrega: “Si yo tuviera la oportunidad de regresar, seguiría aportando para mejorar el sistema. Prefiero dedicarme a mi área, la medicina. Pero el sistema necesita cambios profundos”.
Mientras el discurso oficial celebra ferias, brigadas y nuevas instalaciones, los médicos describen hospitales con vigilancia política, especialistas despedidos, equipos subutilizados y pacientes que esperan meses por insumos básicos.
La tensión entre propaganda e infraestructura, por un lado, y recurso humano calificado por el otro, define el dilema central: un sistema de salud no se sostiene solo con edificios y anuncios. Requiere independencia técnica, estabilidad laboral y confianza profesional.
En Nicaragua, según estos testimonios, esas condiciones están en disputa.
Con el auspicio del Fondo de Canadá para Iniciativas Locales de la Embajada de Canadá, para Costa Rica, Nicaragua y Honduras.


