Enrique Quiñónez, el camaleón de la política nicaragüense
De llamar “lacra” a Daniel Ortega a alinearse con el oficialismo, la trayectoria de Enrique Quiñónez refleja uno de los giros más evidentes del oportunismo político en Nicaragua.
ESCENARIO NACIONALNACIÓNPOLÍTICA
DaríoMedios Internacional
1/16/20262 min read


La figura de Enrique Quiñónez se ha convertido en uno de los ejemplos más claros del doble discurso dentro de la política nicaragüense. En años anteriores, Quiñónez se presentó como un crítico frontal del sandinismo y llegó a calificar a Daniel Ortega como una “lacra”, marcando públicamente su distancia del régimen.
Ese discurso, sin embargo, no resistió el paso del tiempo.
Del rechazo al alineamiento
Con los años, el tono de Quiñónez cambió de forma radical. El antiguo opositor pasó a respaldar al oficialismo y a mostrarse cercano a los círculos de poder del sandinismo, dejando atrás cualquier rastro de confrontación con el régimen.
Para sus detractores, el viraje no fue producto de una reflexión ideológica profunda, sino de una decisión conveniente. Señalan que su cercanía con el poder le ha permitido acumular beneficios, mejorar su posición económica y garantizar visibilidad política, en un sistema donde la lealtad al régimen suele ser recompensada.
Un pasado que no se borra
El contraste entre las declaraciones del pasado y su actual alineamiento oficialista alimenta una percepción extendida entre la ciudadanía: en Nicaragua, algunos actores políticos cambian de principios con la misma facilidad con la que cambian de bando.
Videos, declaraciones públicas y archivos recientes siguen circulando como recordatorio de ese giro, reforzando la idea de que el discurso opositor de Quiñónez fue circunstancial y no una convicción sostenida.
El “camaleón” del sistema
Este recorrido ha consolidado la imagen de Quiñónez como un “camaleón” político, capaz de adaptarse al poder de turno para asegurar su supervivencia y protagonismo. En un contexto autoritario, donde antiguos críticos del régimen terminan integrados a la estructura oficialista, su caso no resulta aislado, pero sí ilustrativo.
La historia de Quiñónez expone una dinámica recurrente del sistema político nicaragüense: la cooptación de voces críticas, la dilución de la coherencia ideológica y la conversión de la política en un espacio donde el oportunismo suele ser premiado.
Un síntoma del modelo
Más allá del personaje, el caso refleja un problema estructural. En un país donde la disidencia es castigada y la lealtad recompensada, figuras como Quiñónez logran sobrevivir y prosperar no por la solidez de sus ideas, sino por su capacidad de acomodarse al poder.
Para muchos, no se trata de una historia de evolución política, sino de un oportunismo con suerte, permitido y alentado por un sistema que castiga la coherencia y premia la sumisión.


