El sueño frustrado de Murillo

Las advertencias desde Estados Unidos representan un nuevo golpe a las aspiraciones de Rosario Murillo de quedarse al frente de la dictadura tras una eventual salida de Daniel Ortega.

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DaríoMedios Internacional

9/14/20264 min read

La codictadora Rosario Murillo habría iniciado la semana con una nueva sacudida a sus aspiraciones de perpetuarse en el poder. Mientras concentra cada vez más atribuciones dentro de la estructura sandinista y deja entrever su intención de convertirse en la figura absoluta del régimen, desde Washington llegan señales cada vez más claras de que Estados Unidos no estaría dispuesto a aceptar una sucesión dinástica que coloque a Murillo al frente de Nicaragua.

La advertencia representa un nuevo golpe para la mujer que durante años ha permanecido como segunda figura del régimen Ortega-Murillo y que, ante un eventual escenario de salida de Daniel Ortega, pretende convertirse en la cabeza absoluta de la dictadura.

Pero el mensaje procedente de Estados Unidos es contundente: la salida de Ortega no significaría automáticamente la llegada de Murillo al poder.

“Sería profundamente preocupante para todos”

El exsubsecretario de Estado de Estados Unidos para Asuntos del Hemisferio Occidental, Brian Nichols, fue directo al referirse a una eventual permanencia de Murillo en el poder.

Nichols afirmó que le resultaría preocupante ver a Rosario Murillo continuar al frente de Nicaragua después de la salida de Ortega y advirtió que la perpetuación de un régimen dinástico en el país “debería ser profundamente preocupante para todos” en el hemisferio.

Sus declaraciones golpean directamente una de las principales aspiraciones políticas de Murillo: convertirse en la sucesora de Ortega y garantizar la continuidad del poder familiar sobre Nicaragua.

El mensaje adquiere mayor relevancia porque Nichols ocupó el cargo de subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental entre 2021 y 2024 y conoce de primera mano la política de Washington hacia la región y el régimen Ortega-Murillo.

El sueño de convertirse en la figura absoluta

Durante los últimos años, Murillo ha incrementado su control sobre las estructuras políticas, institucionales y propagandísticas del régimen, mientras su presencia pública ha ido adquiriendo un peso cada vez mayor.

Para analistas consultados por DaríoMedios, esa concentración de poder responde también a una estrategia para preparar el terreno ante cualquier eventual escenario en el que Ortega deje de ejercer el control directo del régimen.

Sin embargo, consideran que la continuidad de Murillo no necesariamente sería aceptada por Washington como una solución política para Nicaragua.

La discusión, por tanto, no se limita a quién ocuparía formalmente el poder después de Ortega, sino a si Estados Unidos estaría dispuesto a reconocer como salida política una continuidad del mismo aparato familiar que ha gobernado el país durante décadas.

Washington no vería a Murillo como una salida estabilizadora

Analistas consultados por DaríoMedios sostienen que, independientemente de quién ocupe la Casa Blanca, Washington difícilmente aceptaría que la sucesión de Ortega se traduzca simplemente en el reemplazo de un dictador por su codictadora.

Diplomáticos estadounidenses consultados por este medio consideran que Murillo enfrenta serios obstáculos para convertirse en una figura capaz de encabezar un eventual proceso de transición.

Según esta valoración, existe preocupación por su capacidad para generar consensos, por las dificultades que tendría para establecer una negociación amplia y por el rechazo que genera incluso dentro de sectores vinculados al propio sandinismo.

Los analistas también cuestionan que Murillo pueda convertirse en un factor de estabilización en un escenario de transición, especialmente si no cuenta con un respaldo sólido dentro de la estructura militar y política que sostiene al régimen.

El mensaje llega en medio de una disputa por el control

Las palabras de Nichols llegan mientras Murillo continúa proyectándose públicamente como una figura central del poder sandinista.

Analistas han relacionado incluso el reciente protagonismo de la codictadora durante el recorrido de la Antorcha de la Independencia con el intento de proyectar autoridad, control y presencia política en un momento en que las especulaciones sobre una eventual sucesión de Ortega cobran mayor relevancia.

La imagen que Murillo busca transmitir, según esta lectura, es la de una dirigente con capacidad para garantizar la continuidad del régimen.

Pero desde Washington aparece precisamente el mensaje contrario: la continuidad dinástica no sería considerada una solución aceptable para Nicaragua.

Murillo frente a un escenario que no controla

El problema para la codictadora es que una eventual sucesión no dependería únicamente de su voluntad ni de la estructura familiar que ha construido junto a Ortega.

También entraría en juego la posición de las Fuerzas Armadas, los sectores económicos, la oposición nicaragüense, los actores internacionales y, particularmente, la política de Estados Unidos hacia el país.

Para los analistas consultados, Murillo tendría que enfrentar un escenario especialmente complejo si intenta convertirse automáticamente en la heredera política de Ortega.

Su aspiración de pasar de segunda figura del régimen a máxima autoridad de la dictadura sandinista podría encontrarse con resistencias internas y externas que hagan inviable esa transición.

Un mensaje directo a la codictadora

Las declaraciones de Nichols representan, en ese sentido, algo más que una crítica personal a Rosario Murillo.

Constituyen una advertencia sobre el rechazo que podría generar en Washington cualquier intento de presentar una sucesión familiar como una transición política.

El mensaje para Murillo es claro: la salida de Daniel Ortega no equivale a una carta blanca para que ella ocupe el poder.

La codictadora puede concentrar atribuciones, multiplicar su exposición pública y preparar el terreno político para una eventual sucesión, pero eso no garantiza que pueda quedarse con el régimen cuando llegue el momento.

Y ahí aparece el mayor obstáculo para sus ambiciones: su sueño de convertirse en la heredera absoluta del poder sandinista podría chocar con una comunidad internacional que no esté dispuesta a aceptar que Nicaragua simplemente cambie de dictador sin cambiar de régimen.

La salida de Ortega, por tanto, no significa que Rosario Murillo podrá ocupar el “trono” de la dictadura sandinista.

Por ahora, esa pretensión enfrenta una barrera que llega desde Washington.

Y para la codictadora, su proyecto de perpetuarse en el poder podría terminar siendo exactamente eso: un sueño inalcanzable.

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