El “manual del dictador” en Nicaragua
El periodista mexicano Otoniel Martínez sostiene que en Nicaragua se ejecuta paso a paso el patrón de las dictaduras: primero neutralizar las protestas, luego controlar el discurso y finalmente presionar a instituciones con influencia social como la Iglesia.
MUNDOESCENARIO NACIONALNACIÓNPOLÍTICA
DaríoMedios Internacional
4/2/20264 min read


El patrón que siguen las dictaduras
Las dictaduras rara vez actúan de forma improvisada. Su consolidación en el poder suele seguir un patrón que se repite en distintos países y momentos históricos: primero neutralizan las protestas, después controlan el discurso público y finalmente buscan someter o debilitar a las instituciones que no pueden dominar.
Para el periodista mexicano Otoniel Martínez, ese mismo patrón se ha venido aplicando en Nicaragua desde la crisis política que estalló en 2018, cuando miles de ciudadanos salieron a las calles para protestar contra el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Aquel momento marcó un punto de quiebre para el poder sandinista. Según el análisis del periodista, el régimen entendió entonces que una de las instituciones con mayor capacidad de influencia social en el país era la Iglesia, no solo como organización religiosa, sino como una voz moral capaz de movilizar a la sociedad.
Desde entonces comenzó a desplegarse un proceso que, según Martínez, responde a una lógica clara: primero los señalamientos, luego la presión institucional y finalmente el hostigamiento directo.
Estas reflexiones fueron compartidas por el periodista a través de sus cuentas en redes sociales, donde analizó la represión religiosa en Nicaragua y advirtió que el país se ha convertido en un ejemplo del patrón que siguen muchas dictaduras para consolidar el poder.
Ocho años de presión contra la Iglesia
Ocho años después del inicio de la crisis política, la relación entre la dictadura y la Iglesia católica se encuentra profundamente deteriorada.
Diversos registros indican que al menos 309 religiosos han sido expulsados del país, entre sacerdotes, monjas y miembros de distintas congregaciones.
La presión no se limita a las expulsiones. También se han documentado restricciones constantes a las actividades pastorales y religiosas, vigilancia a sacerdotes y presiones contra líderes eclesiásticos.
Según estimaciones recopiladas por observadores independientes, más de 27 mil eventos públicos vinculados a la Iglesia han sido cancelados o restringidos en los últimos años.
Uno de los símbolos más visibles de estas restricciones es la prohibición de las procesiones religiosas de Semana Santa, una tradición profundamente arraigada en la cultura nicaragüense.
En ciudades como Granada, León o Masaya, estas celebraciones durante décadas congregaron a miles de fieles que participaban en alfombras de aserrín, recorridos religiosos y actos públicos de fe.
Hoy esas manifestaciones han sido trasladadas a espacios cerrados dentro de los templos o directamente prohibidas en las calles.
Para garantizar que estas restricciones se cumplan, el régimen ha desplegado fuertes operativos policiales en distintas ciudades, con presencia masiva de agentes en zonas donde tradicionalmente se realizaban las procesiones.
Arrinconar la fe
Para Otoniel Martínez, lo que ocurre en Nicaragua responde a una lógica que suele repetirse en los regímenes autoritarios.
Cuando una dictadura no puede eliminar una creencia profundamente arraigada en la sociedad, opta por otra estrategia: arrinconarla, limitarla y volverla invisible.
Las expresiones públicas de fe, que durante décadas formaron parte de la vida cultural del país, han sido reducidas a celebraciones dentro de templos vigilados o a actos religiosos que evitan ocupar el espacio público.
Según el periodista, el objetivo de este tipo de medidas no es necesariamente destruir la religión, sino quitarle visibilidad e influencia social.
“Nicaragua no es el extremo, es una advertencia”, señaló Martínez al reflexionar sobre el proceso político del país.
Para él, el llamado “manual del dictador” no comienza atacando lo sagrado. Primero se enfoca en las protestas, luego en el control del discurso público y finalmente termina alcanzando incluso a instituciones históricas como la Iglesia.
Un periodista que observó la represión desde dentro
Las reflexiones de Martínez también están marcadas por su propia experiencia en Nicaragua.
El periodista estuvo dos semanas en el país en julio de 2022 para documentar la vida cotidiana bajo el fuerte control policial impuesto por la dictadura.
Debido a las restricciones que el régimen impone a la prensa internacional, el comunicador y su equipo decidieron ingresar por vía terrestre desde Costa Rica, evitando llevar equipos profesionales que pudieran identificarlos como periodistas.
Para evitar sospechas, entraron con apariencia de turistas y utilizando únicamente teléfonos celulares para grabar material.
En una entrevista concedida al programa Esta Semana, emitida el 15 de agosto de 2022, Martínez relató que el ingreso al país ya mostraba señales del clima de control.
En la estación migratoria, su pasaporte fue retirado varias veces por funcionarios que lo llevaban a oficinas internas para realizar verificaciones sin ofrecer explicaciones. Tras varias rondas de preguntas y revisiones, finalmente recibió el sello migratorio que le permitió continuar el viaje hacia Managua.
Vigilancia y miedo en las calles
Durante su estancia en Nicaragua, Martínez recorrió Managua, Matagalpa, Sébaco, Granada y Masaya, moviéndose por calles, mercados, autobuses y plazas públicas para observar la vida cotidiana.
Sin embargo, una de las cosas que más le llamó la atención fue la reacción de la población ante la presencia de alguien grabando con un teléfono celular.
En varios momentos fue detenido por la Policía Nacional, interrogado sobre su identidad y obligado a borrar material que había grabado.
Uno de los episodios más tensos ocurrió cuando grababa imágenes cerca de la Plaza de la Revolución, donde agentes policiales lo detuvieron y revisaron su contenido.
También relató que en lugares como el mercado Oriental de Managua notó reacciones de incomodidad entre los ciudadanos, algunos de los cuales se cubrían el rostro o preguntaban por qué estaba grabando.
Al revisar posteriormente las imágenes grabadas, el periodista detectó incluso personas que parecían seguirlo en distintos momentos de su recorrido, lo que reforzó la sensación de vigilancia constante.
Nicaragua como advertencia
A partir de esa experiencia y del análisis que ha compartido públicamente, Martínez sostiene que lo que ocurre en Nicaragua debe verse como una advertencia para el resto de América Latina.
El control del poder, explica, suele avanzar gradualmente: primero contra las protestas, luego contra la oposición política, después contra los medios de comunicación y las organizaciones civiles.
Y cuando esos contrapesos desaparecen, el poder termina extendiéndose incluso hacia instituciones históricas y profundamente arraigadas en la sociedad, como la Iglesia.
Por eso, concluye el periodista, lo que está ocurriendo en Nicaragua ya no es únicamente un conflicto religioso, es una señal de hasta dónde puede llegar el poder cuando nadie logra detenerlo.


