El golpe fallido de Hugo Chávez
Antes de cualquier amenaza externa, Venezuela fue atacada desde dentro. El primer golpe contra la democracia venezolana lo dio Hugo Chávez, cuando el 4 de febrero de 1992 decidió alzar las armas contra el orden constitucional.
MUNDOPOLÍTICA
DaríoMedios Internacional
1/6/20263 min read


El intento de golpe de Estado del 4 de febrero de 1992, encabezado por Hugo Chávez, no solo quebró el orden constitucional venezolano, sino que se convirtió, con el paso del tiempo, en el punto de origen simbólico del proyecto chavista y en una fecha resignificada por el poder como “gesta histórica”.
En la madrugada del 4 de febrero de 1992, Venezuela despertó bajo fuego. Un grupo de oficiales del Ejército, organizados en el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), intentó derrocar por la fuerza al gobierno democráticamente electo del presidente Carlos Andrés Pérez. El plan contemplaba la toma simultánea de puntos estratégicos del país y, como objetivo central, el control del Palacio de Miraflores, sede del Poder Ejecutivo.
Un alzamiento coordinado y armado
La operación no se limitó a Caracas. Unidades militares se levantaron también en Maracay, Valencia, Maracaibo y otras ciudades clave. En la capital, Hugo Chávez lideró directamente el alzamiento junto a otros oficiales, entre ellos Francisco Arias Cárdenas.
Durante varias horas se produjeron enfrentamientos armados, desplazamientos de tropas, bloqueos de vías y ataques contra instalaciones militares y gubernamentales. En las inmediaciones del Palacio de Miraflores, el sonido de las armas marcó una de las noches más tensas de la historia reciente del país. El saldo fue trágico: muertos, heridos y una población sumida en la incertidumbre.
El fracaso del golpe
A pesar de la coordinación inicial, el plan comenzó a desmoronarse. Las fuerzas leales al gobierno constitucional lograron mantener el control de Miraflores y neutralizar los focos insurgentes. Para el amanecer, el golpe había fracasado. Chávez, acorralado y sin capacidad de continuar la operación, decidió rendirse.
La imagen que definiría el futuro político de Venezuela llegó pocas horas después. Hugo Chávez apareció en cadena nacional para pedir a sus tropas que depusieran las armas. Su breve intervención, cerrada con el célebre “por ahora”, fue interpretada por muchos como una admisión de derrota. Sin embargo, ese momento se transformó en el punto de inflexión de su carrera.
Lejos de desaparecer de la escena pública, Chávez pasó de ser un oficial golpista desconocido a una figura nacional. Su rendición televisada fue el inicio de una construcción política que capitalizó el descontento social, la crisis del sistema de partidos y el desgaste institucional de la época.
Un gobierno cuestionado, pero constitucional
El segundo mandato de Carlos Andrés Pérez se desarrollaba en un contexto económico y social complejo, marcado por ajustes estructurales, protestas y un profundo malestar ciudadano. Sin embargo, el hecho central no se altera con el paso del tiempo: el intento de removerlo se produjo mediante las armas y no a través de los mecanismos democráticos.
Pérez no fue derrocado por un golpe militar. Años después, sería destituido mediante un juicio político, siguiendo procedimientos institucionales establecidos por la Constitución vigente.
La redefinición del 4F
Con la llegada de Chávez al poder en 1999, el 4 de febrero dejó de ser presentado como un golpe fallido y pasó a ocupar un lugar central en la narrativa oficial. El chavismo lo redefinió como “rebelión histórica” o “insurrección cívico-militar”, transformando un quiebre armado de la democracia en un acto fundacional del nuevo proyecto político.
Esta resignificación cumplió una función estratégica: dotar al movimiento de un origen heroico, justificar la violencia política como instrumento legítimo y construir un relato épico que diluyera la responsabilidad histórica de un intento de golpe que dejó víctimas y fracturó el orden constitucional.
La celebración del 4F forma parte de una estrategia de poder que busca legitimar la ruptura institucional y presentar la toma de las armas como un acto moralmente superior cuando la causa es considerada “justa”. En ese proceso, las víctimas del golpe y la naturaleza antidemocrática del alzamiento quedan relegadas a un segundo plano.
El chavismo no nació de una victoria electoral, sino de un fracaso armado convertido en relato. El 4 de febrero fue el punto de quiebre: cuando un intento de golpe pasó a ser celebrado y la democracia empezó a ser vista como un obstáculo, no como un límite. Todo lo que vino después encuentra ahí su origen.


Hugo Chávez, entonces teniente coronel. Habla con medios de comunicación, luego de rendirse tras el intento de golpe militar contra el gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez en 1992.


