Ejército de Nicaragua queda relegado y bajo la lupa de EE.UU.

Excluido de ejercicios multinacionales clave y bajo cuestionamientos persistentes por su papel en la crisis de 2018, el Ejército nicaragüense enfrenta un aislamiento sostenido que refleja el deterioro de su credibilidad y su alineamiento con el régimen de Daniel Ortega.

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DaríoMedios Internacional

4/22/20264 min read

El Ejército de Nicaragua ya no forma parte de la arquitectura de seguridad regional. Su ausencia en los principales ejercicios multinacionales, impulsados por Estados Unidos y países de Centroamérica, no es circunstancial ni reciente. Es el resultado de un proceso prolongado de pérdida de confianza que ha dejado a la institución fuera de los espacios donde se coordinan respuestas frente a amenazas transnacionales, se intercambia inteligencia y se fortalecen capacidades operativas. Hoy, más que ausente, el Ejército está aislado.

Una exclusión sostenida en el tiempo

Mientras fuerzas militares de El Salvador, Guatemala, Honduras, Costa Rica, Belice y República Dominicana participan activamente en ejercicios coordinados por el Comando Sur de Estados Unidos, Nicaragua permanece al margen de estas iniciativas que se han convertido en pilares de la cooperación regional en seguridad.

Estos ejercicios no son ceremoniales. Son espacios donde se definen protocolos conjuntos, se construye interoperabilidad y se fortalecen mecanismos de respuesta ante crisis. Quedar fuera de ellos implica quedar fuera de la dinámica operativa de la región.

La exclusión del Ejército nicaragüense ya no es un hecho aislado. Se ha convertido en un patrón sostenido desde 2018, marcando una ruptura progresiva con los mecanismos de cooperación internacional.

2018: el punto de inflexión que redefine su imagen

La crisis sociopolítica de abril de 2018 marcó el quiebre en la percepción internacional de la institución. A partir de ese momento, el Ejército comenzó a ser observado no solo por su rol operativo, sino por su posición frente a un contexto de represión estatal.

Organismos de derechos humanos han señalado su actuación, pero también su silencio frente a hechos que requerían claridad institucional. La ausencia de explicaciones, de rendición de cuentas y de una postura independiente dejó instalada una duda estructural: si el Ejército actúa bajo criterios institucionales o responde a la lógica del poder político.

Esa duda no ha sido despejada y en seguridad, la incertidumbre pesa.

Una institución cada vez más vinculada al poder

En los años posteriores, lejos de tomar distancia, el Ejército ha consolidado su cercanía con el régimen de Daniel Ortega. Bajo el mando de Julio César Avilés, la institución ha mantenido una línea de continuidad que privilegia la estabilidad del poder interno sobre la construcción de una imagen institucional independiente.

Esta relación ha reducido su margen de autonomía y ha reforzado la percepción de que el Ejército forma parte del engranaje político, más que de una estructura profesional con independencia operativa.

El resultado es claro: pérdida de credibilidad.

Sin confianza, no hay cooperación

La cooperación en seguridad regional se basa en un principio básico: confianza. Sin ella, no hay intercambio de información, ni coordinación de operaciones, ni integración en ejercicios conjuntos.

El Ejército de Nicaragua ha dejado de cumplir con esos estándares a ojos de la región. No se trata de una exclusión técnica ni logística, sino de una decisión basada en la evaluación de riesgos.

En este escenario, la institución no es vista como un socio confiable, sino como un actor que genera incertidumbre.

La lectura de Estados Unidos y el factor geopolítico

El distanciamiento también tiene una dimensión geopolítica. Estados Unidos ha incrementado su vigilancia sobre Nicaragua, particularmente por las relaciones del régimen con Rusia y China.

En un contexto regional donde la seguridad está vinculada a equilibrios estratégicos, estas alianzas generan preocupación. El Ejército, al formar parte de esa estructura estatal, queda directamente asociado a esa dinámica.

Esto refuerza la decisión de mantener distancia y limita cualquier posibilidad de integración en espacios de cooperación impulsados por Washington.

Impacto operativo: el costo del aislamiento

El aislamiento no solo afecta la imagen institucional. Tiene consecuencias concretas en capacidades operativas. Al quedar fuera de los ejercicios multinacionales, el Ejército pierde acceso a entrenamiento especializado, intercambio de inteligencia, tecnología y procesos de modernización.

Mientras otros países fortalecen sus capacidades mediante cooperación internacional, Nicaragua queda rezagada. Este rezago no se percibe de inmediato, pero se acumula con el tiempo y reduce la capacidad de respuesta ante amenazas reales.

Una estrategia interna que profundiza el aislamiento

Analistas coinciden en que el aislamiento no puede explicarse únicamente por factores externos. Es también el resultado de una lógica interna que ha priorizado el control político sobre la institucionalidad.

En este modelo, la autonomía de las fuerzas armadas pierde relevancia frente a la necesidad de mantener cohesión dentro del aparato estatal. Esto limita cualquier margen de apertura y refuerza el distanciamiento con la comunidad internacional.

Un deterioro que se proyecta a largo plazo

El problema no es solo la situación actual, sino su proyección. La pérdida de espacios de cooperación, la reducción de capacidades y el deterioro de la credibilidad generan un efecto acumulativo que puede impactar a largo plazo la operatividad de la institución.

Recuperar confianza en este tipo de escenarios no es inmediato. Requiere cambios estructurales que, hasta ahora, no se observan.

El Ejército de Nicaragua no quedó fuera de la seguridad regional por un hecho puntual. Fue perdiendo espacio a medida que se debilitaba su credibilidad, se consolidaba su alineamiento con el régimen y se reducían sus márgenes de autonomía. Su exclusión de los principales espacios de cooperación refleja una realidad clara: una institución aislada, con menor peso internacional y sin el nivel de confianza que exige la seguridad regional.