EE. UU. amplía su perímetro estratégico y aumenta la presión sobre Ortega y Murillo
La nueva estrategia de seguridad de Washington en el continente eleva la presión geopolítica sobre el régimen nicaragüense.
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DaríoMedios Internacional
3/30/20263 min read


Las recientes declaraciones del secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, sobre la expansión de la llamada “Gran América del Norte” hasta Ecuador reflejan una redefinición del perímetro estratégico de seguridad de Washington en el continente, un movimiento que analistas consideran que aumenta la presión geopolítica sobre regímenes aliados del chavismo, como el de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua.
Washington redefine su mapa estratégico en el continente
Las recientes declaraciones del secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, han generado nuevas lecturas geopolíticas en América Latina. El funcionario estadounidense anunció la inclusión de Ecuador dentro de lo que denominó la “Gran América del Norte”, una ampliación del perímetro estratégico de seguridad que, según explicó, se extiende “desde Groenlandia hasta el país sudamericano”.
Más allá de una simple definición geográfica, la afirmación refleja una reconfiguración del enfoque estratégico de Washington en el hemisferio, en un momento en que Estados Unidos busca reforzar su influencia en la región frente a amenazas transnacionales, redes criminales y la creciente presencia de actores extrarregionales.
La idea de ampliar el concepto de seguridad hemisférica hasta Ecuador sugiere que la defensa continental ya no se limita a las fronteras tradicionales de Norteamérica, sino que incorpora una visión más amplia del espacio estratégico que conecta el Ártico con Sudamérica.
Seguridad hemisférica y nuevas líneas de influencia
El concepto de “Gran América del Norte” planteado por el jefe del Pentágono implica un rediseño del mapa de seguridad continental bajo una lógica que combina defensa militar, control territorial y cooperación regional.
En términos estratégicos, este enfoque apunta a fortalecer la capacidad de Estados Unidos para responder a amenazas que cruzan fronteras, como el narcotráfico, el crimen organizado, el tráfico de armas y la influencia de potencias rivales en América Latina.
La inclusión de Ecuador dentro de este perímetro estratégico no es menor. El país sudamericano ha cobrado relevancia en la agenda de seguridad regional debido a su ubicación geográfica, su rol en rutas del narcotráfico y su creciente cooperación con Washington en materia de seguridad.
Para el Pentágono, integrar a Ecuador dentro de esta arquitectura estratégica amplía el radio de acción de la política de defensa estadounidense en el continente.
Un mensaje político que resuena en Centroamérica
Más allá de la dimensión militar, las declaraciones de Hegseth también han sido interpretadas como un mensaje político dirigido a regímenes que mantienen posturas confrontativas hacia Washington.
Entre ellos destaca el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua, uno de los aliados más firmes de los gobiernos autoritarios de la región y cercano tanto al chavismo venezolano como a Cuba.
Durante los últimos años, el régimen nicaragüense ha profundizado su discurso antiestadounidense mientras estrecha vínculos con actores como Rusia, China e Irán, una dinámica que ha sido observada con preocupación por los sectores de seguridad de Estados Unidos.
En ese contexto, la ampliación del perímetro estratégico estadounidense en el continente también puede interpretarse como parte de una estrategia para contener la influencia de gobiernos considerados adversarios dentro del hemisferio.
Ortega y Murillo frente a un escenario regional más adverso
El régimen de Ortega y Murillo ha enfrentado en los últimos años un creciente aislamiento internacional marcado por sanciones económicas, denuncias por violaciones a los derechos humanos y tensiones diplomáticas con varios países de la región.
La redefinición del mapa estratégico de seguridad estadounidense podría agravar ese escenario si se traduce en mayor cooperación militar, policial o de inteligencia entre Washington y gobiernos aliados en América Latina.
Analistas consideran que este tipo de movimientos estratégicos refuerzan la presión indirecta sobre regímenes autoritarios que han buscado consolidar alianzas políticas fuera del eje tradicional de influencia estadounidense.
En el caso de Nicaragua, la creciente militarización del discurso político del régimen y sus alianzas internacionales han sido factores que han aumentado la atención de Washington sobre el país.
Un tablero hemisférico en transformación
Las palabras del secretario de Defensa estadounidense reflejan un momento de reconfiguración del equilibrio estratégico en América Latina.
En un contexto marcado por la competencia geopolítica global, el fortalecimiento de redes criminales transnacionales y la presencia de potencias extrarregionales, Washington parece decidido a reforzar su arquitectura de seguridad en el hemisferio occidental.
La ampliación de la llamada “Gran América del Norte” hasta Ecuador se inscribe dentro de esa lógica: una estrategia que busca consolidar un cinturón de cooperación estratégica desde el Ártico hasta Sudamérica.
En ese nuevo tablero regional, regímenes como el de Ortega y Murillo podrían enfrentar un entorno geopolítico cada vez más complejo, donde los movimientos de Washington no solo redefinen la seguridad continental, sino que también estrechan el margen político de gobiernos que se han colocado en abierta confrontación con Estados Unidos.


