Diócesis de Managua avala versión del régimen sobre salida de monjas Capuchinas
La Arquidiócesis de Managua respaldó públicamente la versión oficial, en medio de crecientes denuncias de hostigamiento contra la Iglesia católica.
ESCENARIO NACIONALNACIÓN
DaríoMedios Internacional
1/27/20263 min read


Una conferencia bajo control del régimen
La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo habría orquestado una conferencia de prensa para obligar a las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia a comparecer exclusivamente ante medios afines al oficialismo y reiterar un comunicado que sostiene que su salida de Nicaragua se debe a una decisión “voluntaria”.
En esa puesta en escena, las religiosas afirmaron que abandonan el país porque consideran concluida su misión pastoral en Totogalpa, Madriz, negando cualquier tipo de presión estatal. La ausencia total de prensa independiente y el formato controlado del encuentro reforzaron las sospechas de coacción y manipulación del mensaje.
“Misión cumplida”, la frase amplificada
Durante la comparecencia, la hermana Grettel Illeana Fallas Bermúdez, delegada de la obra pastoral en Totogalpa, leyó un texto previamente difundido por canales oficialistas, insistiendo en que la congregación se retira tras haber cumplido sus objetivos.
La narrativa fue presentada como una salida ordenada, sin conflictos y fruto de un discernimiento interno. Sin embargo, analistas subrayan que la repetición literal del comunicado y el cerco mediático son elementos característicos de actos diseñados por el aparato propagandístico del régimen.
Un contexto que contradice la versión oficial
La salida de las Capuchinas ocurre en un contexto marcado por el desplazamiento forzado de más de 130 religiosas en los últimos años, una cifra que desmiente la tesis de decisiones aisladas o meramente pastorales.
Este patrón ha generado una pregunta recurrente: ¿por qué las monjas despiertan desconfianza en la dictadura? La respuesta, según analistas, radica en su alta credibilidad moral y social, especialmente en comunidades indígenas y empobrecidas donde el Estado tiene escasa presencia y la Iglesia conserva legitimidad.
La Iglesia como espacio incómodo
Para sectores críticos, el régimen percibe a las congregaciones religiosas como espacios de influencia no controlables, capaces de acompañar a las comunidades desde una lógica ética y no partidaria. Esa autonomía explicaría el interés del poder en reducir su presencia o mantenerla bajo estricta vigilancia.
En ese marco, la comparecencia pública de las monjas no sería un ejercicio de transparencia, sino un intento de neutralizar cualquier lectura de expulsión o persecución religiosa, en un momento de creciente escrutinio internacional.
El rol de la Arquidiócesis de Managua
La polémica se profundizó cuando la Arquidiócesis de Managua emitió un comunicado, firmado por el cardenal Leopoldo Brenes, en el que avaló la salida de las religiosas y respaldó la versión de que no existieron presiones ni expulsión.
Para sectores críticos dentro y fuera de la Iglesia, este pronunciamiento resulta funcional a la narrativa del régimen, al contribuir a desactivar señalamientos de persecución religiosa y presentar normalidad donde existen antecedentes graves.
Algunos analistas interpretan el gesto como un intento de evitar represalias mayores contra la estructura eclesial, mientras otros lo consideran una forma de “lavar la cara” al poder en un momento particularmente sensible.
Antecedentes que pesan
Los antecedentes refuerzan las sospechas sobre la salida de las Capuchinas. En julio de 2022, el régimen obligó a las Misioneras de la Caridad a abandonar el país tras cancelar su personería jurídica, clausurando de facto su labor humanitaria.
Más recientemente, en enero de 2025, se cumplió un año de la expulsión de las monjas Clarisas, desalojadas de sus monasterios y despojadas de sus bienes, según denuncias documentadas por organismos de derechos humanos.
Un patrón, no un hecho aislado
A la luz de estos hechos, la salida de las Hermanas Terciarias Capuchinas difícilmente puede leerse como un episodio aislado. Se inscribe en una estrategia sostenida de reducción del espacio de acción de la Iglesia católica, ejecutada mediante hostigamiento administrativo, vigilancia y expulsiones encubiertas.
Mientras las religiosas repiten que su partida responde a una misión concluida, el contexto revela otra realidad: la Iglesia sigue siendo empujada a replegarse, obra por obra, comunidad por comunidad.
La conferencia no disipó dudas, las profundizó. Cuando una dictadura necesita escenificar la fe y una diócesis termina avalando su relato, la pregunta ya no es por qué se van las monjas, sino quién gana con su silencio.


