Dictadura exalta la imagen de su nieto preferido en billetes de la Lotería Nacional

El régimen Ortega-Murillo vuelve a instrumentalizar la imagen de un menor de edad como propaganda política, reforzando el culto a la personalidad y la narrativa de sucesión familiar en Nicaragua.

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DaríoMedios Internacional

1/2/20262 min read

En un nuevo episodio del culto a la personalidad promovido desde el poder, la dictadura sandinista ordenó a la Lotería Nacional incluir la imagen del nieto preferido de la pareja gobernante en los billetes del sorteo programado para el 6 de enero de 2026, utilizando nuevamente a un menor como instrumento de propaganda política.

La fotografía corresponde al hijo de Camila Ortega, nieto directo de los dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo, en una maniobra que refuerza la idea de continuidad familiar en el poder.

Propaganda y culto a la personalidad

La utilización de la imagen del niño no es un hecho aislado. Forma parte de una estrategia sostenida de propaganda oficial que busca humanizar a la cúpula del régimen y consolidar un relato de poder hereditario, al estilo de dinastías autoritarias, donde la figura familiar se confunde deliberadamente con el Estado.

Un niño convertido en símbolo político

El menor, identificado como Camilo Noé Daniel Salas Ortega, ha sido expuesto en múltiples actos oficiales pese a su corta edad. Apenas comenzando a caminar, ha sido presentado en escenarios públicos, repitiendo consignas religiosas y apareciendo ante multitudes de trabajadores del Estado movilizados por el aparato partidario.

Desde la narrativa oficial, Murillo lo proyecta como “el futuro”, aun cuando el niño no tiene capacidad de decisión ni conciencia del uso político de su imagen.

La sucesión como relato del régimen

La promoción reiterada del menor contrasta con el anonimato del resto de los nietos de la familia gobernante. La selección de un solo niño como símbolo refuerza la idea de una línea sucesoria cuidadosamente construida, donde incluso la infancia es jerarquizada según su utilidad política.

Murillo insiste en mostrar al dictador como un “abuelo cariñoso”, mientras normaliza la exposición pública de un menor como emblema de la perpetuidad del régimen.

El Estado al servicio de la familia

Con esta decisión, la Lotería Nacional una institución estatal es utilizada nuevamente para fines propagandísticos, diluyendo cualquier frontera entre Estado, partido y familia gobernante. El “bebé del régimen” es ahora presentado también como portador de suerte, en un país donde los símbolos nacionales han sido progresivamente desplazados por la iconografía familiar del poder.

No resultaría extraño que, bajo esta lógica, la imagen del niño termine ocupando espacios reservados históricamente a héroes nacionales o símbolos patrios.

Una dictadura sin límites

En Nicaragua, la propaganda oficial ya no distingue entre lo público y lo privado, ni siquiera cuando se trata de menores de edad. La instrumentalización de la infancia confirma hasta qué punto el régimen Ortega-Murillo carece de límites éticos y convierte todo instituciones, símbolos y personas en herramientas para sostener su permanencia en el poder.