Dictadura arma “show antidrogas” para responder a presión de EE.UU.

Experto en seguridad advierte que la operación podría responder más a una estrategia de propaganda internacional que a una política real de combate al crimen organizado.

MUNDOESCENARIO NACIONALNACIÓNPOLÍTICA

DaríoMedios Internacional

4/7/20265 min read

La reciente incautación de más de 1,300 kilogramos de cocaína, anunciada por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, ha sido presentada oficialmente como un golpe contundente contra el narcotráfico en Nicaragua.

La Policía del régimen difundió el operativo como prueba de la supuesta eficacia de las instituciones de seguridad del país en la lucha contra el crimen organizado, intentando proyectar una imagen de control territorial y cooperación regional en materia de seguridad.

Sin embargo, detrás de esta narrativa oficial comienzan a surgir dudas entre analistas y expertos en seguridad que consideran que el contexto en el que ocurre el decomiso no es casual.

Para el especialista en seguridad Javier Meléndez, fundador del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEPP) y director de la plataforma Expediente Abierto, este tipo de anuncios deben analizarse dentro de un panorama político y geopolítico mucho más amplio.

Según su análisis, el decomiso podría responder a una estrategia cuidadosamente calculada para enviar un mensaje hacia el exterior.

El contexto de presión internacional

El anuncio ocurre en un momento particularmente sensible para la dictadura nicaragüense.

En los últimos meses, Nicaragua ha sido señalada en distintos informes internacionales relacionados con seguridad y cooperación contra el narcotráfico.

Uno de los señalamientos más recientes provino del Departamento de Estado de Estados Unidos, que en un informe de seguridad indicó que las autoridades nicaragüenses “a menudo ignoran solicitudes rutinarias de información” relacionadas con investigaciones sobre narcotráfico.

Este señalamiento ubica al país entre los menos confiables de la región en materia de cooperación internacional contra el crimen organizado.

Para Meléndez, este contexto resulta clave para entender el anuncio del decomiso.

“No es una política real contra el crimen, es una operación de propaganda para responder a la presión internacional”, advierte el analista.

La lógica de los montajes propagandísticos

Según el experto, este tipo de operaciones responde a un patrón que se ha observado en distintos regímenes autoritarios.

La estrategia consiste en presentar casos visibles y mediáticos que puedan ser utilizados como prueba pública de una supuesta política de control contra el crimen organizado.

En la práctica, estos operativos suelen enfocarse en cargamentos específicos o actores de bajo nivel, mientras las estructuras más complejas del narcotráfico permanecen intactas.

El resultado es un espectáculo mediático que busca convencer a la comunidad internacional de que existe una política activa contra el narcotráfico.

Sin embargo, según Meléndez, el problema no radica únicamente en los cargamentos interceptados.

“El problema no es un cargamento, sino un sistema donde crimen organizado y poder político terminan funcionando en paralelo”, sostiene.

Narcotráfico y estructuras de poder

El análisis del experto se basa también en investigaciones previas que han explorado la relación entre redes criminales y estructuras políticas en Nicaragua.

Uno de los estudios citados en este contexto es el informe “Nicaragua Elites and Organized Crime”, que examina las dinámicas de poder dentro del país y las posibles conexiones entre actores del narcotráfico, instituciones estatales y círculos de poder.

Investigaciones de este tipo han señalado que, en sistemas altamente centralizados, el control político puede facilitar mecanismos de encubrimiento, protección de actores estratégicos y altos niveles de impunidad.

Cuando el poder está concentrado en pocas manos, las instituciones encargadas de investigar o perseguir el crimen pueden terminar subordinadas a intereses políticos.

En ese escenario, el combate al narcotráfico puede convertirse en una herramienta selectiva utilizada para enviar mensajes políticos o responder a presiones externas.

Casos que han marcado el debate

A lo largo de los años, distintos episodios han alimentado las sospechas sobre posibles vínculos entre redes criminales y estructuras de poder en Nicaragua.

Uno de los casos más conocidos fue el del empresario Henry Fariñas, ampliamente documentado por la prensa regional.

Este caso expuso conexiones entre el narcotráfico y distintos actores vinculados al poder político y económico del país.

El episodio evidenció cómo las redes criminales pueden operar dentro de estructuras donde el poder político y el crimen organizado se cruzan en determinados niveles.

Para analistas de seguridad, estos antecedentes explican por qué cada nuevo anuncio de decomisos genera escepticismo.

La paradoja del narcotráfico en Nicaragua

Uno de los aspectos que más llama la atención a especialistas en seguridad regional es la aparente contradicción que presenta Nicaragua.

El país mantiene niveles de violencia relativamente más bajos que otras naciones centroamericanas, como Honduras o El Salvador, donde la presencia de carteles y pandillas ha generado crisis de seguridad mucho más visibles.

Sin embargo, diferentes investigaciones han señalado que Nicaragua presenta niveles significativos de penetración del crimen organizado, especialmente en rutas de tránsito utilizadas para el tráfico de drogas hacia el norte del continente.

Para algunos analistas, este equilibrio no es casual.

Más bien responde a una dinámica en la que ciertas estructuras criminales operan dentro de márgenes tolerados o administrados, lo que permite mantener bajos niveles de violencia visibles mientras el flujo del narcotráfico continúa.

Nicaragua bajo el radar geopolítico

El anuncio del decomiso ocurre además en medio de un contexto geopolítico cada vez más tenso para el régimen de Ortega y Murillo.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, señaló recientemente a Nicaragua como uno de los puntos estratégicos dentro de la presencia de Rusia en América Latina.

Durante su comparecencia del 28 de enero ante el Senado estadounidense, Rubio afirmó que Moscú utilizaba a Venezuela como plataforma regional junto con Cuba y Nicaragua para proyectar sus intereses en el hemisferio.

Estas declaraciones colocan al país bajo una vigilancia directa dentro de la política exterior estadounidense.

Washington ha incrementado su atención sobre la presencia de actores geopolíticos como Rusia, China e Irán en el continente, lo que ha convertido a Nicaragua en una pieza dentro de un tablero internacional cada vez más complejo.

Un anuncio bajo sospecha

En este contexto, el momento en que el régimen anuncia la incautación de más de una tonelada de cocaína no pasa desapercibido.

Mientras el discurso oficial insiste en presentar la operación como una prueba de eficiencia en la lucha contra el narcotráfico, las dudas continúan creciendo.

La pregunta de fondo sigue abierta:

¿Se trata de un golpe real contra las redes criminales o de un montaje diseñado para influir en la percepción internacional?

Para expertos como Meléndez, la respuesta no se encuentra únicamente en los cargamentos incautados, sino en aquello que no se investiga ni se muestra públicamente.

Porque en contextos donde el poder está altamente concentrado, lo que queda fuera de las investigaciones puede revelar tanto como aquello que se anuncia en conferencias oficiales.