De propagandista a descartado: el operador de Murillo que terminó fuera del aire

Moisés Absalón Pastora, una de las voces más agresivas del oficialismo en televisión, fue apartado del Canal 6 tras años de utilizar su espacio para atacar a periodistas y defender el discurso del régimen.

ESCENARIO NACIONALNACIÓNPOLÍTICA

DaríoMedios Internacional

5/2/20263 min read

Durante años, Moisés Absalón Pastora fue mucho más que un presentador dentro del aparato mediático oficial. Desde su programa en el estatal Canal 6, operaba como una de las voces más alineadas al discurso del régimen, utilizando su espacio para atacar a periodistas independientes, desacreditar a medios críticos y reforzar la narrativa construida desde el poder. Hoy, ese mismo operador ha sido sacado abruptamente del aire, en un episodio que expone no solo su caída, sino también la forma en que el régimen gestiona a quienes le sirven.

Un rostro construido desde la propaganda

La presencia de Pastora en televisión no fue casual. Su figura fue impulsada dentro del esquema de comunicación que responde directamente a Rosario Murillo, quien lo posicionó como un vocero funcional dentro de la estructura mediática del oficialismo. Desde su mesa, no ejercía un rol informativo en sentido tradicional, sino uno claramente político.

Su programa se convirtió en una tribuna de confrontación constante, donde el discurso no buscaba debatir, sino descalificar. Periodistas independientes eran señalados, ridiculizados y atacados de forma reiterada, en una dinámica que respondía a la lógica del aparato propagandístico del régimen.

El estilo que lo sostuvo y lo desgastó

Durante mucho tiempo, ese tono le garantizó espacio. Su agresividad no era un error, era parte de su función. Sin embargo, ese mismo estilo terminó generando incomodidad dentro del propio régimen, en un momento donde el discurso oficial busca proyectar control y estabilidad en medio de presión externa.

Las constantes arremetidas, los ataques reiterados y la falta de matices dejaron de ser útiles en un contexto donde la narrativa requiere ajustes. El propagandista que servía para confrontar comenzó a convertirse en un riesgo para el mensaje.

Una salida abrupta y sin explicaciones

La salida de Pastora del Canal 6 no siguió ningún protocolo visible. Fue directa, sin transición y sin una explicación pública clara. Versiones indican que el episodio estuvo marcado por una confrontación interna, en la que fue reprendido y apartado frente a otros trabajadores del medio.

Más allá de los detalles, el mensaje fue evidente: su rol dentro del aparato comunicacional había terminado. Incluso, se habría advertido que su posición política también podría verse comprometida, dejando claro que su caída no se limita al ámbito mediático.

El control absoluto del relato

El caso de Pastora deja al descubierto una característica central del modelo comunicacional del régimen: los espacios no pertenecen a quienes los ocupan, sino a quienes los controlan. Los medios estatales funcionan como extensiones del poder político, donde cada voz responde a una línea definida.

En ese esquema, los comunicadores no tienen autonomía. Son piezas dentro de una estructura donde la permanencia depende de su utilidad y cuando dejan de ser funcionales, son reemplazados.

El silenciamiento como norma interna

Tras su salida, no ha existido una explicación oficial ni una comunicación clara sobre las razones. Este tipo de silencio no es excepcional, sino parte de la forma en que el régimen gestiona sus conflictos internos.

Las decisiones se ejecutan, pero no se explican, los cambios se hacen visibles, pero no se justifican.

El control no solo se ejerce sobre el discurso público, sino también sobre lo que ocurre dentro del propio aparato.

De atacante a desplazado

Durante años, Pastora ocupó la pantalla para señalar, desacreditar y confrontar a quienes cuestionaban al régimen. Su espacio no era de debate, sino de ataque. Hoy, ese mismo esquema lo alcanza a él.

La lógica no cambió: el sistema que lo sostuvo es el mismo que ahora lo aparta, confirmando que dentro de esa estructura nadie es permanente, solo útil por un tiempo.