De la cooperación al desencuentro: la relación en crisis entre el Ejército de Nicaragua y Estados Unidos
Lo que durante años fue presentado como un modelo de cooperación pragmática en seguridad regional hoy atraviesa uno de sus momentos más tensos.
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DaríoMedios Internacional
2/15/20263 min read


Hubo un tiempo, no tan lejano, en que los comunicados oficiales hablaban de confianza, profesionalización y cooperación estratégica. Tras el fin de la guerra y la transición política de 1990, el Ejército de Nicaragua inició un proceso de transformación que buscaba dejar atrás su origen como Ejército Popular Sandinista para consolidarse como una institución de carácter nacional.
La reducción de efectivos, la subordinación formal al poder civil y la apertura a programas de capacitación internacional marcaron esa etapa. Durante los gobiernos posteriores a Violeta Barrios de Chamorro, distintos mandos militares reconocieron que la relación con Estados Unidos entró en una fase de mayor entendimiento.
Años de cooperación y reconocimiento
Durante la década de 2000 y buena parte de la siguiente, la cooperación en materia de seguridad regional fue presentada como un ejemplo de pragmatismo.
En junio de 2016, el general Julio César Avilés visitó la sede del Comando Sur de Estados Unidos y la Fuerza Interagencial del Sur en Cayo Hueso. En ese momento, el entonces jefe del Comando Sur, almirante Kurt Tidd, destacó públicamente la estrategia nicaragüense del “Muro de Contención” como un modelo eficaz frente al narcotráfico y el crimen organizado transnacional.
Autoridades estadounidenses reconocían el aporte de Nicaragua a la seguridad regional, mientras el mando militar nicaragüense agradecía el respaldo para fortalecer capacidades navales.
La cooperación no fue solo discursiva. Se tradujo en financiamiento directo. La Fuerza Naval anunció la construcción de un Puesto de Avanzada en la Base Naval de Cayos Miskitos con fondos del gobierno estadounidense. En un acto público, la entonces embajadora Laura F. Dogu entregó equipos valorados en alrededor de dos millones de dólares y los planos de una base naval cuya construcción superaba los 2,2 millones.
Eran señales visibles de una relación funcional, centrada en el combate al narcotráfico y la vigilancia marítima.
El punto de inflexión: 2018
El tono comenzó a cambiar tras la crisis sociopolítica de 2018. El endurecimiento del clima político interno impactó también la percepción internacional sobre las fuerzas armadas.
Aunque el Ejército mantuvo un perfil menos visible que la Policía en los operativos internos, organismos de derechos humanos cuestionaron su rol y su cercanía con el poder político. La imagen institucional empezó a erosionarse fuera del país.
Las sanciones individuales impuestas por Estados Unidos a altos mandos militares, incluido el propio jefe del Ejército, marcaron un punto de inflexión en la relación bilateral.
Cuestionamientos al “Muro de Contención”
Paralelamente, crecieron los señalamientos sobre la efectividad real del “Muro de Contención”.
Mientras en años anteriores se exhibía como una barrera exitosa frente al flujo de drogas hacia el norte, reportes judiciales en Estados Unidos y decomisos en países vecinos reflejaron que las rutas del narcotráfico en Centroamérica continuaban activas y en constante adaptación.
Autoridades de El Salvador, en distintos momentos, hicieron referencia a movimientos de embarcaciones y redes que operaban en aguas compartidas, lo que alimentó cuestionamientos sobre la coordinación y los controles regionales.
Territorios indígenas y presión internacional
Otro foco de crítica ha sido la situación en territorios indígenas del Caribe nicaragüense. Organizaciones comunitarias y defensores de derechos humanos han denunciado violencia de colonos contra poblaciones originarias y han cuestionado la respuesta de las fuerzas de seguridad, incluido el Ejército, ante invasiones y ataques.
La institución ha rechazado acusaciones de complicidad, pero el tema ha contribuido al deterioro de su imagen internacional y a una percepción de falta de respuesta efectiva ante conflictos territoriales.
De aliados estratégicos a interlocutores distantes
Las noticias archivadas de una etapa de felicitaciones, visitas oficiales y financiamiento contrastan hoy con un escenario de sanciones, exclusiones en foros regionales y reproches diplomáticos.
La relación entre el Ejército de Nicaragua y Estados Unidos atraviesa uno de sus momentos más tensos en décadas.
Lo que comenzó en los años noventa como un proceso de profesionalización y búsqueda de legitimidad internacional hoy enfrenta acusaciones de falta de independencia, transparencia y eficacia.
En la memoria institucional quedan los actos conjuntos y los comunicados de reconocimiento.
En la coyuntura actual, predominan la desconfianza, las sanciones y la distancia estratégica.


