Costa Rica abre una nueva etapa política tras una victoria histórica del oficialismo

Laura Fernández es electa presidenta en primera ronda y su partido logra una mayoría legislativa inédita en más de cuatro décadas, marcando el inicio de un nuevo ciclo político con amplias capacidades de gobernabilidad y límites institucionales claros.

POLÍTICA MUNDO

DaríoMedios Internacional

2/2/20263 min read

Un mensaje contundente desde las urnas

Costa Rica vivió una jornada electoral de alto impacto político. Cerca del 70% del padrón acudió a votar y otorgó un mandato claro: Laura Fernández Delgado fue electa presidenta en primera ronda, superando con holgura el umbral constitucional del 40% y alcanzando más de un millón de votos.

El resultado no solo confirmó el respaldo ciudadano al oficialismo, sino que consolidó una de las correlaciones de poder más sólidas de la historia reciente del país.

La clave no estuvo solo en la Presidencia

Más allá del triunfo presidencial, el mayor golpe político se produjo en la Asamblea Legislativa. El Partido Pueblo Soberano aseguró 31 curules, lo que le otorga mayoría absoluta y control de la agenda legislativa, una condición excepcional que permite aprobar leyes ordinarias, presupuestos y proyectos prioritarios del Ejecutivo sin bloqueos estructurales.

Para dimensionar el hecho, basta recordar que presidentes recientes como Rodrigo Chaves, Carlos Alvarado o Luis Guillermo Solís gobernaron con bancadas de entre 10 y 13 diputados. Incluso Laura Chinchilla, electa cómodamente en primera ronda, contó con 24. Un escenario comparable solo se registra en 1982, cuando Luis Alberto Monge asumió con 33 curules en medio de una crisis nacional.

Gobernabilidad asegurada, pero sin cheque en blanco absoluto

Con esta mayoría, la futura presidenta no enfrentará el argumento de la ingobernabilidad ni la excusa del bloqueo legislativo. El país le ha otorgado una herramienta poderosa para ejecutar su programa de gobierno con rapidez y estabilidad.

Sin embargo, el electorado también estableció límites. El oficialismo no alcanzó los 38 votos necesarios para reformas constitucionales ni nombramientos clave, lo que preserva los contrapesos institucionales y obliga a la negociación en decisiones estructurales.

En términos políticos, Costa Rica dio poder para gobernar, pero no para capturar el Estado.

El anuncio de la “Tercera República”

Consciente del momento, Laura Fernández declaró el fin de la llamada Segunda República y anunció el inicio de una Tercera República, que según afirmó impulsará un cambio “profundo e irreversible”. El mensaje fue respaldado por el presidente saliente, Rodrigo Chaves, quien anticipó una transición coordinada y sin precedentes.

La declaración ha despertado expectativas y debates sobre el alcance real de esa transformación dentro del marco democrático costarricense.

Oposición bajo presión ciudadana

El nuevo escenario también redefine el papel de la oposición. Con un oficialismo fuerte y cohesionado, los partidos opositores enfrentan un desafío inédito: ejercer control político con responsabilidad, abandonar la confrontación estéril y elevar el nivel del debate legislativo.

El electorado dejó claro que no tolerará campañas permanentes ni obstrucciones sin sentido. La fiscalización será necesaria, pero deberá ser seria, técnica y orientada al interés público.

Reacomodos partidarios

El proceso electoral dejó lecciones claras. El PLN logró sostenerse gracias a la figura de su candidato más que por la marca partidaria. El Frente Amplio se consolidó como tercera fuerza política, con crecimiento legislativo y una base joven activa. Otros partidos tradicionales y emergentes, como el PLP y Nueva República, resultaron severamente debilitados, mientras el PUSC evitó una debacle mayor con una representación mínima.

Uno de los puntos más valorados de la jornada fue, una vez más, el desempeño del Tribunal Supremo de Elecciones. El proceso se desarrolló con transparencia, orden y credibilidad, reafirmando a Costa Rica como un referente democrático regional en un contexto centroamericano marcado por retrocesos autoritarios.

Lo que viene

Costa Rica inicia una nueva etapa con un Ejecutivo fuerte, una Asamblea alineada y un mandato claro para gobernar. Pero también con una ciudadanía que dejó claro que el poder debe ejercerse bajo vigilancia constante.

La llamada Tercera República arranca con impulso político, altas expectativas y una advertencia implícita: la democracia se ejerce, no se delega.