Caso Kener: una semana de angustia y una respuesta policial insuficiente

A más de una semana de la desaparición del adolescente Kener Jafeth, la ciudadanía se moviliza mientras crecen los cuestionamientos sobre la respuesta de la Policía Nacional.

ESCENARIO NACIONALNACIÓN

DaríoMedios Internacional

1/28/20263 min read

Una desaparición que exige urgencia

El miércoles 21 de enero fue la última vez que la familia de Kenner Zamora Álvarez lo vio. Desde entonces, cada hora ha sido una carrera contra el tiempo. Kenner es un adolescente con autismo no verbal e hiperactividad, capaz de comprender cuando se le llama por su nombre, pero altamente vulnerable y dependiente de medicación diaria, un factor que convierte su desaparición en una emergencia vital.

A ocho días de ese momento, la incertidumbre es total.

¿Ha comido?

¿Dónde ha dormido?

¿Está protegido del frío, o de algún peligro mayor?

Para su familia, la espera se ha convertido en una tortura permanente.

La búsqueda ciudadana

Desde el primer día, familiares, vecinos y voluntarios se activaron. El Benemérito Cuerpo de Bomberos asumió un rol clave, recorriendo zonas rurales, cerros y comunidades de León y Chinandega, siguiendo cada pista recibida. Sin embargo, muchas de estas señales resultaron ser falsas o imprecisas.

Los propios bomberos reconocieron públicamente el desgaste físico y emocional que ha significado perseguir cada aviso, sin resultados positivos hasta ahora.

La familia, lejos de obstaculizar la investigación, ha colaborado plenamente. Incluso permitió que la Policía revisara su propia vivienda para descartar cualquier hipótesis de delito dentro del entorno cercano. A pesar de esa apertura total, Kenner sigue sin aparecer.

¿Qué está haciendo la Policía Nacional?

La inquietud no surge del vacío. En Nicaragua existen antecedentes recientes donde la Policía actuó con rapidez y despliegue inmediato. En 2018, por ejemplo, un niño de tres años desaparecido en Chinandega fue localizado en menos de 12 horas, tras una movilización efectiva de recursos y personal.

En el caso de Kenner, ya transcurrió más de una semana sin resultados visibles, sin informes claros, sin una estrategia pública de búsqueda y sin respuestas concretas para la familia.

La comparación no pretende desconocer que cada caso es distinto, pero sí evidenciar una diferencia de prioridades que resulta imposible ignorar.

Recursos que existen, pero no se ven

La Policía Nacional ha demostrado en múltiples ocasiones que sí cuenta con capacidad técnica, logística y humana: patrullajes intensivos, control territorial, sistemas de vigilancia, seguimiento de personas y operativos coordinados.

La ciudadanía se pregunta entonces por qué, frente a una desaparición que involucra a un menor con discapacidad y riesgo médico, no se observa un despliegue proporcional a la gravedad del caso.

Mientras tanto, la carga de la búsqueda ha recaído casi por completo en la familia, los voluntarios y los cuerpos de socorro.

Silencio institucional

A la falta de resultados se suma otro elemento preocupante: el silencio oficial. No ha habido informes detallados, ruedas de prensa ni explicaciones claras sobre el estado de la investigación.

En contraste, en redes sociales han surgido ataques y amenazas desde perfiles afines al oficialismo contra ciudadanos y medios que cuestionan la actuación policial. En lugar de responder con transparencia, se intenta desacreditar y silenciar el reclamo social.

Este clima de hostigamiento no solo profundiza la angustia de la familia, sino que también erosiona la confianza pública en una institución que debería liderar la búsqueda con firmeza y claridad.

“Ya no podemos más”: el grito de una familia y un pueblo

El cansancio es evidente. “Ya no podemos más”, repite la familia de Kenner, acompañada por vecinos y comunitarios que no han dejado de buscar.

Voces de la comunidad lo expresan con claridad: “La familia, los vecinos, los voluntarios y los medios ya hicieron su parte. Falta que quienes tienen la obligación legal y los recursos de investigación actúen con la urgencia que el caso merece”.

Este no es solo el dolor de una familia. Es la angustia de un pueblo que observa cómo el tiempo pasa sin respuestas.

Una urgencia que no puede seguir ignorándose

Kenner no es una estadística ni un caso más. Es un adolescente vulnerable, desaparecido desde el 21 de enero, en un país donde la Policía ha demostrado en otras ocasiones que sí tiene capacidad de reacción cuando decide ejercerla.

Exigir resultados no es atacar a la institución, es reclamar que cumpla con su deber. La población ha acompañado, ha buscado y ha sostenido a una familia devastada por la espera; esa solidaridad sigue viva y no se detiene. Lo que no puede seguir ausente ni diluido es la responsabilidad institucional frente a una emergencia humana que exige respuestas inmediatas.

La desaparición de Kenner es un grito colectivo de una comunidad que ha hecho todo lo que está a su alcance. Familias, vecinos, voluntarios, bomberos y ciudadanos solidarios han salido a buscar, han compartido información y han sostenido a una familia que se desmorona bajo el peso de la espera.

Ese acompañamiento social contrasta con la falta de resultados concretos de la institución que tiene la obligación legal y técnica de liderar la búsqueda. Exigir respuestas no es atacar a la Policía; es reclamar que cumpla su función frente a una emergencia humana.

El tiempo sigue corriendo, ahora, la responsabilidad institucional no puede seguir ausente.