Báez advierte contra la “dictadura del pensamiento único”

El obispo auxiliar de Managua cuestiona a quienes destruyen instituciones democráticas para imponer sus ideas y llama a escuchar el dolor de los pueblos.

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DaríoMedios Internacional

8/16/20264 min read

En su homilía, inspirada en el relato evangélico de la mujer cananea que suplica a Jesús por la salud de su hija, el obispo auxiliar de Managua puso en el centro la capacidad de escuchar al otro, superar los prejuicios y dejarse interpelar por el sufrimiento humano.

Pero su reflexión tomó una dimensión que trasciende el ámbito religioso cuando advirtió sobre las consecuencias que tiene la rigidez mental cuando se convierte en una herramienta de poder.

“La rigidez mental llevada al terreno de los pueblos se convierte en tragedia”

Báez parte de la actitud de la mujer cananea, una extranjera que insiste ante Jesús pese a las barreras culturales y religiosas que inicialmente parecen separarla de él.

Para el obispo, aquella mujer representa la capacidad de mirar la realidad desde el dolor y no desde las ideas preconcebidas.

Jesús, explica Báez, termina dejándose interpelar por ella y comprendiendo que el sufrimiento humano no puede estar condicionado por fronteras culturales, religiosas o sociales.

De ahí extrae una enseñanza que traslada directamente a la convivencia humana:

“Ser flexibles y dialogantes no es debilidad; ceder no siempre es perder.”

Para Báez, la verdadera fortaleza está en tener la capacidad de escuchar y reconocer cuando la realidad exige superar las propias posiciones.

Una advertencia sobre quienes imponen una sola verdad

Es precisamente en este punto donde la homilía adquiere una dimensión política.

Báez advierte que esa misma rigidez, cuando pasa de las personas a los pueblos, puede convertirse en una tragedia.

“Esa misma rigidez mental, llevada al terreno de los pueblos, se convierte en tragedia.”

A continuación, el obispo describe escenarios en los que quienes detentan el poder se encierran en sus propias ideas y ambiciones y dejan de escuchar la realidad.

Según Báez, estos actores pueden llegar a presentarse como “los únicos capaces de representar al pueblo”, mientras destruyen las instituciones democráticas e imponen una única forma de pensamiento.

“No dudan en desmantelar las instituciones democráticas e imponer la dictadura del pensamiento único.”

La expresión adquiere especial fuerza en el caso de Nicaragua, un país donde el régimen Ortega-Murillo ha sido señalado internacionalmente por la persecución de opositores, el cierre de espacios cívicos y la concentración del poder.

Báez, sin embargo, no menciona directamente al régimen en esta homilía.

El Evangelio frente a la lógica de la exclusión

La reflexión del obispo también cuestiona cualquier sistema que convierta la diferencia en una amenaza.

Báez advierte contra la intolerancia, el totalitarismo, el racismo, el desprecio hacia los extranjeros y otras formas de exclusión.

Su mensaje es que las ideas, por sí mismas, no pueden estar por encima de la dignidad de las personas.

“De nada sirven las ideas sin amor: son dañinas y siempre desembocan en nuevas idolatrías.”

En la lectura que propone el obispo, la mujer cananea logra romper una barrera precisamente porque se atreve a insistir y porque su dolor termina siendo más fuerte que los prejuicios.

“Hay que saber escuchar a los demás”

La homilía contiene además un llamado explícito al diálogo.

Báez invita a no encerrarse en las propias convicciones ni construir barreras contra quienes piensan diferente.

“Hay que saber escuchar a los demás, aunque piensen diferente, y vivir siempre abiertos a la realidad con sus dolores y contradicciones.”

Una frase que, trasladada a la realidad nicaragüense, contrasta con un escenario político marcado por la eliminación de voces críticas, el exilio y la persecución de quienes cuestionan al régimen.

Pero el obispo no plantea únicamente una crítica.

También propone una alternativa: escuchar, dialogar, reconocer al otro y colocar la dignidad humana por encima de cualquier ideología.

La mujer cananea como símbolo de quienes siguen insistiendo

El corazón del Evangelio que utiliza Báez es una mujer que no se resigna.

Aunque recibe respuestas negativas, continúa insistiendo porque hay algo que considera más importante que cualquier barrera: la vida de su hija.

Para el obispo, esa perseverancia revela una fe capaz de transformar incluso las posiciones más rígidas.

Jesús termina reconociendo la grandeza de su fe y responde a su petición.

Báez encuentra ahí una enseñanza profunda: el dolor de una persona puede obligarnos a revisar nuestras certezas.

Y esa capacidad de dejarnos transformar por la realidad, sostiene, no es una debilidad, sino una de las mayores expresiones de humanidad.

Un mensaje que resuena en la Nicaragua de hoy

Aunque la homilía no menciona a Ortega, Murillo ni al régimen sandinista, las palabras de Báez adquieren una particular resonancia para Nicaragua.

El obispo habla de pueblos sometidos por quienes se consideran los únicos representantes legítimos, de instituciones democráticas desmanteladas, de pensamiento único, de intolerancia y de personas incapaces de escuchar el dolor ajeno.

Son conceptos que forman parte del debate sobre la crisis nicaragüense desde 2018 y que han sido utilizados por organismos internacionales para describir el deterioro de las libertades y de las instituciones democráticas en el país.

Báez no necesita pronunciar nombres para colocar sobre la mesa una pregunta incómoda:

¿Qué ocurre cuando quienes tienen el poder dejan de escuchar el sufrimiento de su propio pueblo?

“Nunca es inútil gritar desde nuestro dolor”

El cierre de la homilía vuelve al punto de partida: una mujer que grita porque su hija sufre y que se niega a aceptar que su dolor sea ignorado.

Báez recuerda que “delante de Jesús, nunca es inútil gritar desde nuestro dolor, nuestras preocupaciones o nuestros fracasos”.

Una frase que también puede leerse como una reivindicación de quienes continúan alzando la voz pese a la persecución, el exilio, la censura o el miedo.

El mensaje final del obispo es que la compasión debe ser capaz de superar las barreras que los seres humanos construyen.

Y en una Nicaragua donde miles de ciudadanos han tenido que abandonar el país, familias continúan reclamando justicia y voces críticas permanecen silenciadas, la reflexión de Báez deja planteada una idea poderosa:

ninguna ideología, ningún proyecto político y ningún poder puede estar por encima de la dignidad humana.

Porque, como demuestra el Evangelio que inspira su homilía, cuando el dolor de una persona logra ser escuchado, hasta las certezas más rígidas pueden comenzar a caer.

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