Apagón desata la furia de la tirana Rosario Murillo desde “El Carmen”
Un corte eléctrico interrumpió la transmisión de la codictadora, que perdió la calma, reprendió a sus colaboradores y dejó al descubierto la tensión que se vive en su círculo más cercano.
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DaríoMedios Internacional
10/31/20263 min read


Unos segundos sin electricidad bastaron para alterar el monólogo de Rosario Murillo desde «El Carmen». La codictadora, que acostumbra presentar una Nicaragua de «paz, tranquilidad y victorias», entró en evidente estado de irritación cuando una interrupción eléctrica afectó su comunicación durante una transmisión en vivo por el oficialista Canal 4.
La reacción de Murillo quedó expuesta ante las cámaras. Visiblemente molesta por la interrupción de la llamada, comenzó a lidiar con los documentos que tenía frente a ella y terminó reprendiendo a sus colaboradores por el desorden de los informes que debía leer.
La escena dejó escuchar incluso los susurros de una presentadora del medio oficialista, quien también parecía desconcertada por lo ocurrido. La transmisión, que habitualmente funciona como plataforma para los extensos monólogos de la codictadora, quedó interrumpida en medio de un ambiente de nerviosismo.
Murillo pierde la calma frente a las cámaras
Durante el incidente, la codictadora tuvo dificultades para continuar con su alocución y mostró su molestia por la manera en que le habían organizado los documentos. En lugar de mantener la compostura, descargó su irritación contra quienes preparan los informes que utiliza diariamente en sus intervenciones públicas.
La situación evidenció la dependencia de Murillo de sus colaboradores para sostener el guion de sus transmisiones, incluso cuando una interrupción técnica altera la rutina de sus apariciones.
Cuando se restableció la comunicación, la dictadora retomó su discurso y aseguró que ya contaban con energía eléctrica para continuar «batallando contra la pobreza».
Sin embargo, el episodio ya había dejado una escena incómoda para la propaganda oficialista: la mujer que pretende proyectar control absoluto sobre el país no logró disimular su enojo ante un contratiempo eléctrico.
Los apagones que el régimen no puede ocultar
Las reacciones de los nicaragüenses en redes sociales no tardaron en aparecer. Numerosos usuarios contrastaron la molestia de Murillo con la realidad que enfrentan familias en barrios de Managua y distintos departamentos del país, donde denuncian interrupciones prolongadas del servicio eléctrico.
Para muchos ciudadanos, el episodio tuvo un componente irónico: mientras la codictadora se desesperaba por una interrupción durante su transmisión, miles de hogares deben afrontar cortes de energía que afectan sus actividades cotidianas, el trabajo, el descanso y la conservación de alimentos.
La contradicción golpea directamente el discurso propagandístico de la dictadura, que insiste en presentar al país como un territorio de estabilidad y progreso, mientras las quejas por las deficiencias de los servicios públicos continúan circulando entre la población.
Un régimen bajo presión y una codictadora cada vez más irritable
La reacción de Murillo también ocurre en un contexto de crecientes presiones políticas y diplomáticas sobre la dictadura Ortega-Murillo. Sus constantes monólogos desde «El Carmen» buscan proyectar autoridad y normalidad, pero episodios como este ofrecen una imagen distinta de la mujer que comparte el poder con Daniel Ortega.
Expertos consultados por DaríoMedios Internacional consideran que este tipo de reacciones reflejan el desgaste y la tensión que atraviesan los círculos de poder de la dictadura, especialmente ante los cuestionamientos internacionales y las exigencias para que los tiranos abandonen el poder.
La escena también dejó una pregunta inevitable: ¿qué pasó por la cabeza de Murillo durante esos segundos de interrupción? ¿Temió que se tratara de algo más que un simple problema eléctrico dentro de su residencia?
No hay elementos para afirmar que la interrupción tuviera un origen distinto a una falla eléctrica, pero su reacción quedó registrada ante las cámaras.
Lo cierto es que no hicieron falta discursos de la oposición ni pronunciamientos internacionales para sacar a Murillo de su guion. Bastaron unos segundos sin electricidad y unos documentos desordenados para que la codictadora perdiera la compostura, mientras sus operadores intentaban mantener a flote una transmisión que terminó mostrando una faceta muy distinta de la supuesta tranquilidad que pregona la dictadura.



