Ana Julia Guido se rinde ante Murillo

La exfiscal general, que durante años fue una de las figuras más poderosas del aparato judicial sandinista, ahora preside la Corte Suprema de Justicia y promete defender al régimen de Ortega y Murillo.

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DaríoMedios Internacional

9/8/20263 min read

Ana Julia Guido, exfiscal general de la República y durante años una de las figuras de mayor confianza de Daniel Ortega dentro del sistema de justicia, volvió a la primera línea del poder tras asumir la presidencia de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), en sustitución de Alba Luz Ramos.

El regreso de Guido ocurre después de haber perdido poder dentro de la estructura institucional del régimen. Una reforma legal redujo las atribuciones de la fiscalía general y dejó a Guido subordinada a una estructura encabezada por la procuradora general, Wendy Morales, una funcionaria identificada con Rosario Murillo.

La veterana fiscal habría quedado relegada de uno de los espacios que durante años le permitieron ejercer un amplio control dentro del aparato judicial. Sin embargo, en lugar de abandonar la estructura de poder, optó por esperar una nueva oportunidad para recuperar su posición.

Y esa oportunidad llegó.

Guido fue designada presidenta de la Corte Suprema de Justicia, después de la salida y posterior purga de Alba Luz Ramos, quien durante años ocupó la máxima posición del Poder Judicial bajo el control de Ortega y Murillo.

Su regreso no solo representa la recuperación de un puesto de enorme poder. También evidencia un cambio en la posición política de Guido frente a Rosario Murillo.

De rival interna a defensora de Murillo

Durante años, Guido fue considerada una de las figuras con mayor peso dentro del círculo de poder de Ortega y una de las funcionarias que no necesitaba rendir cuentas a Murillo en los mismos términos que otros miembros de la estructura oficialista.

Fuentes vinculadas al sistema judicial consultadas por DaríoMedios Internacional sostienen que la pérdida de poder habría obligado a Guido a recomponer su relación con Murillo y aceptar las nuevas reglas impuestas por la pareja gobernante.

Según esas fuentes, Guido habría entendido que mantenerse dentro de la estructura de poder requería una alineación absoluta con la codictadora.

Su recompensa terminó llegando con la presidencia de la Corte Suprema.

Ahora, desde uno de los principales órganos del Estado, Guido ha dejado claro que está dispuesta a defender al régimen y su narrativa política.

En una entrevista concedida a un canal de televisión propiedad de la familia Ortega-Murillo, la nueva presidenta de la CSJ habló de su pasado como militante sandinista y reconoció haber participado en acciones armadas durante la lucha revolucionaria.

Guido también relató que los asaltos a bancos y otros actos considerados delitos fueron utilizados durante aquella época como mecanismos para financiar y sostener la lucha armada sandinista.

Sus declaraciones vuelven a poner bajo escrutinio el pasado de una funcionaria que posteriormente ocupó durante años la fiscalía general de la República y que ahora vuelve a situarse en el centro del poder institucional.

Una nueva lealtad

El giro político de Guido resulta especialmente llamativo por la relación de poder que mantuvo durante años con Ortega y por las tensiones que, según fuentes vinculadas al sistema judicial, habría tenido con Rosario Murillo.

Las mismas fuentes aseguran que, tras quedar desplazada de su posición de influencia, Guido habría optado por someterse a la nueva estructura de poder para evitar terminar completamente marginada del régimen.

Su regreso a la Corte Suprema confirma que la estrategia funcionó.

La antigua fiscal recuperó un puesto de máxima jerarquía y, al mismo tiempo, parece haber asumido un nuevo papel: defender desde la institución judicial al mismo régimen que durante años contribuyó a sostener desde la Fiscalía.

Sus propias palabras vuelven a colocarla bajo la lupa

Las declaraciones de Guido también han provocado reacciones entre nicaragüenses que cuestionan su trayectoria y la responsabilidad que le atribuyen en actuaciones del aparato judicial y represivo del régimen.

Para sus críticos, su regreso al poder no borra las decisiones adoptadas durante sus años al frente de la Fiscalía ni las acusaciones que pesan sobre el papel desempeñado por las instituciones bajo su dirección.

Ahora, además, sus propias declaraciones sobre su participación en acciones armadas durante la revolución sandinista podrían aumentar el escrutinio sobre su trayectoria y sobre quienes participaron en operaciones violentas en nombre de aquel movimiento.

Guido, sin embargo, parece haber elegido otro camino: volver al centro del poder y ponerse nuevamente al servicio de la estructura que controla Nicaragua.

La exfiscal que alguna vez acumuló poder dentro del aparato de Ortega ahora preside la Corte Suprema bajo el mando de la misma estructura que, según fuentes judiciales, la obligó primero a perderlo.

Su retorno deja al descubierto una realidad del régimen: en la cúpula del poder no siempre sobrevive quien conserva el orgullo, sino quien demuestra estar dispuesto a obedecer.

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