Alerta máxima en “El Carmen”: Avilés se repliega y Murillo asume el control

La fulminante captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses estremeció a los aliados del chavismo y encendió alarmas en Managua, donde el jefe del Ejército nicaragüense optó por el silencio y la cautela.

ESCENARIO NACIONALNACIÓNPOLÍTICA

DaríoMedios Internacional

1/7/20263 min read

La operación militar de Estados Unidos que culminó con la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro provocó nerviosismo en la cúpula del poder nicaragüense, particularmente en el jefe del Ejército, Julio César Avilés, un militar desgastado por los años en el cargo y sostenido más por su lealtad política al régimen que por liderazgo estratégico o méritos profesionales.

Avilés fue uno de los primeros en dimensionar el mensaje que dejó la operación: al Ejército de Estados Unidos le bastaron apenas minutos para bombardear objetivos militares en Venezuela, extraer por vía aérea a Maduro y a su esposa, Cilia Flores, y retirarse sin registrar bajas. Una demostración de fuerza que sacudió a los regímenes aliados del chavismo en la región.

Prudencia y bajo perfil

Según el análisis del politólogo nicaragüense Manuel Orozco, director del Programa de Migración, Remesas y Desarrollo del Diálogo Interamericano, Avilés ha recomendado prudencia extrema al círculo de poder encabezado por Daniel Ortega y Rosario Murillo.

En declaraciones recogidas por medios independientes, Orozco señaló que el mensaje proveniente del Ejército de Nicaragua es claro: mantener un bajo perfil, evitar provocaciones y no colocarse bajo el radar de Washington. Lejos de proyectar firmeza, Avilés habría optado por el silencio como estrategia de supervivencia institucional.

Dos reacciones opuestas

Mientras el jefe militar aconseja cautela, Rosario Murillo activó una respuesta completamente distinta. La vicepresidenta y vocera del régimen puso en marcha a la militancia sandinista como una estructura de presión digital, exigiendo pronunciamientos públicos de condena contra la captura de Maduro. Quienes no replican el discurso oficial han sido señalados de “traición” o deslealtad.

La reacción oficial del régimen fue tardía y medida. La cúpula observó las imágenes de Maduro esposado y respondió con un comunicado escueto. Incluso en foros regionales como la CELAC, Nicaragua evitó la exposición directa y delegó su participación a cancilleres por vía virtual, una señal de incomodidad y repliegue. Llamó la atención que el régimen mostrara semanas atrás mayor indignación por la confiscación de buques petroleros que por la caída de su principal aliado político.

Reunión de emergencia en “El Carmen”

En el complejo presidencial de El Carmen, el ambiente fue distinto. De acuerdo con reportes periodísticos, Rosario Murillo convocó una reunión de emergencia la madrugada del 3 de enero. A la cita fueron llamados de urgencia figuras clave del régimen: Fidel Moreno, Gustavo Porras, el jefe policial Francisco Díaz, así como responsables del Ministerio del Interior y del Ejército.

El gran ausente fue Daniel Ortega, quien habría sido informado hasta el día siguiente. Para entonces, Murillo ya había asumido el control de la respuesta política y comunicacional.

El temor real

La preocupación central del régimen sandinista no es la suerte personal de Maduro ni de Cilia Flores, ni tampoco la retórica sobre soberanía venezolana. El temor es más profundo: el petróleo, los acuerdos económicos y, sobre todo, la información sensible a la que ahora tendría acceso Estados Unidos.

La captura de Maduro abre la posibilidad de que Washington conozca con mayor detalle el nivel de implicación de Nicaragua en rutas de narcotráfico, esquemas financieros y redes ilícitas regionales, una amenaza directa para la supervivencia del régimen.

La operación en Venezuela no solo desmanteló a un dictador. También expuso el miedo que recorre a quienes, desde Nicaragua, creyeron durante años estar protegidos por alianzas ideológicas que hoy muestran signos evidentes de debilitamiento.