La abogada e investigadora Martha Patricia Molina aseguró en la presentación de su IV informe Nicaragua una iglesia perseguida que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha girado más orden de captura para otros sacerdotes. Las cuales no están incluido en los 667 ataques en contra de la iglesia católica por parte de la dictadura.

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“Hay sacerdotes que en este momento en Nicaragua tienen orden de captura, ya miramos que recientemente la dictadura apresó A tres religiosos, pero estos encarcelamientos van a seguir y ellos pues ya han sido notificados”, refirió Molina.

De igual manera la investigadora manifestó que la dictadura a diario está haciendo tres o cuatro eventos en contra de la iglesia católica y que debido a eso al menos 151 religiosos se han visto obligados a estar realizando su misión Pastoral fuera de Nicaragua.

“Entre ellos 83 religiosa que han tenido que salir, en su mayoría a las monjitas les han notificadas que tienen que dejar el país. Entre ellas religiosas extranjeras, pero también son incluidas religiosas nacionales que se les ha también prohibido la entrada, además de cinco seminaristas, tres diáconos, 58 sacerdotes u obispo y un nuncio”, informó.

Persecusión a sacerdotes

El documento de Martha Patricia Molina y su esmerada y sistemática investigación nos muestra no solo la persecución, sino también la enorme pérdida de recursos de desarrollo para el país. La represión del pensamiento crítico y libre empobrece intelectualmente.

La represión de los valores religiosos arruina moralmente. Además, las iglesias mantenían comedores, escuelas, servicios, tenían relación con ONG’s de desarrollo, daban trabajo a un gran número de personas. Leer la lista de las instituciones vinculadas a las iglesias que han sido suprimidas hace pensar en un claro empobrecimiento del país tanto moral como material.

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El discurso sandinista insistiendo en que no se dejarán robar la revolución resulta cada vez más vacío, especialmente cuando vemos el recorte y anulación de recursos que ofrecían las iglesias al desarrollo. Identificar el bien común con el bien de un Estado autoritario y corrupto no lleva a ninguna parte.